Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Antoine de Saint-Exupéry

«Carta a un rehén» (fragmento) - Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944)

Imagen
«...El muchacho que me había sonreído y que, un segundo antes, sólo era una función, un útil, una suerte de insecto monstruoso, se revelaba ahora algo torpe, casi tímido, de una maravillosa timidez...» «...Una sonrisa es a menudo lo esencial. Una sonrisa paga. Una sonrisa recompensa. Una sonrisa anima. Y la cualidad de una sonrisa puede hacer morir. Sin embargo, puesto que esa cualidad nos liberaba tan plenamente de la angustia de los tiempos presentes y nos otorgaba la certeza, la esperanza, la paz, tengo necesidad de contar hoy, para expresarme mejor, la historia de otra sonrisa». IV F ue  en el curso de un reportaje sobre la guerra civil española. Yo había cometido la imprudencia de asistir clandestinamente, cerca de las tres de la mañana, a un embarco de material secreto en una estación para trenes de carga. Mi indiscreción se vio favorecida por la agitación de los equipos y una cierta oscuridad. Pero resulté sospechoso a los milicianos anarquistas. Fue muy simple. Yo no so...

«Imperio y Fervor» - Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944)

Imagen
«...una civilización se asienta sobre lo que se exige de los hombres, no sobre lo que se les suministra. Y, agotados, vuelven inmediatamente, a este trigo y de él se nutren. Pero no es ésta para el hombre la faz importante de las cosas. Lo que los nutre en su corazón no es lo que reciben del trigo. Es lo que le dan...». Así me hablaba mi padre: –Fuérzalos a construir juntos una torre y los transformarás en hermanos. Pero si quieres que se odien, arrójales un poco de grano. Me decía, además: –Que me traigan primero el fruto de su trabajo. Que viertan en mis graneros los ríos de sus cosechas. Que hagan de mí sus graneros. Quiero que sirvan a mi gloria cuando flagelen los trigos y que estalle en derredor la corteza de oro. Porque entonces el trabajo, que era función de nutrición, se transforma en cántico. Porque he aquí que poco hay por compadecer en aquello cuyos riñones se doblan cuando llevan los sacos pesados a la molienda. O los traen de vuelta, blancos de harina. El peso de lo...

«Moscú» (fragmento) - Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944)

Imagen
«…Pero para los hombres no hay jardinero. Mozart niño será marcado como los demás por la máquina moldeadora. Mozart tendrá sus mayores alegrías de música corrompida en el hedor de los café-concerts. Mozart está condenado…» El viaje de Saint-Exupéry a Rusia tuvo lugar en abril y mayo de 1935, luego de su gira por el Mediterráneo en Conty y Prévot, donde dio una serie de conferencias, y antes de partir para el trágico raid París-Saigón por el Simún. Saint-Exupéry llegó el 29 de abril a Moscú. En las últimas páginas de Tierra de Hombres figuran recuerdos de ese viaje: «Mozart asesinado». Cf. «Paris-Soir», del 3, 14, 16, 19, 20 y 22 de mayo de 1935. Hacia la U.R.S.S. El otro día describí el 1° de mayo en las calles de Moscú adonde había llegado la víspera. Cedí de ese modo a la actualidad. Pero antes debía haber contado mi viaje. El viaje es algo así como un prefacio que prepara a comprender un país. Hasta puede ser que la misma atmósfera del rápido internacional enseñe algo. No se trata...

«Morada de los hombres...» - Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944)

Imagen
Morada de los hombres, ¿quién te fundará sobre la razón? ¿Quién será capaz, según la lógica, de construirte? Existes y no existes. Eres y no eres. Estás hecha de materiales dispares; pero es preciso inventarte para descubrirte. Igual que aquel que destruyó su casa con la pretensión de conocerla posee sólo un montón de piedras, de ladrillos y tejas, y no sabe qué servicio esperar de ese montón de ladrillos, de piedras y de tejas, pues les falta la invención que los domina, el alma y el corazón del arquitecto. Porque faltan a la piedra el alma y el corazón del hombre. Pero como las únicas razones son las del ladrillo, la piedra y la teja y no las del alma o del corazón que los dominan, por su poder los transforman en silencio, y como el alma y el corazón escapan a las reglas de la lógica y a las leyes de los números, entonces, yo apareceré con mi arbitrariedad. Yo, el arquitecto. Yo, que poseo un alma y un corazón. Yo, único que posee el poder de cambiar la piedra en silencio. Llego y ...

«Yo fundo el orden...» - Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944)

Imagen
Yo fundo el orden, decía mi padre. Pero no según la simplicidad y la economía. Porque no se trata de ganarle al tiempo. Qué me importa saber si los hombres serán más gordos si construyen graneros en vez de templos y acueductos en vez de instrumentos de música; porque al despreciar una humanidad mezquina y vanidosa, aunque sea opulenta, me importa conocer primero de qué hombre se tratará. Y aquel que me interese será el que se haya bañado largamente en el tiempo perdido del templo, y contemplado ociosamente la vía láctea que ensancha, y haya ejercitado su corazón en el amor por el ejercicio de la plegaria que no tuvo respuesta (porque si la respuesta pagara la plegaria el hombre sería aun más mezquino) y en quien haya resonado a menudo el poema. Porque el tiempo que economizo en la construcción del templo, que es navío que se dirige a algún lado, o en el embellecimiento del poema que hace resonar el corazón de los hombres, será preciso que lo emplee en ennoblecer antes que en engordar...

«Mi visita al centinela dormido» (fragmento) - Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944)

Imagen
     Bien está que sea castigado con pena de muerte. Ya que reposa en su vigilancia tanto sueño de lenta respiración, cuando la vida te alimenta y se perpetúa a través de ti, como en lo profundo de una ensenada ignorada, la palpitación de los mares. Y los templos cerrados con sus riquezas sacerdotales lentamente cosechadas como una miel, tanto sudor y cinceladuras, y piedras acarreadas, y ojos gastados en el juego de las agujas sobre las telas de oro, para hacerlas florecer, y tantos delicados arreglos bajo la invención de las manos piadosas. Y los graneros con provisiones para que el invierno sea fácil de soportar. Y los libros sagrados en los graneros de la sabiduría donde reposa la provisión del hombre. Y los enfermos cuya muerte hago más llevadera, tornándola apacible en medio de la costumbre de los suyos, y casi inadvertida su delegar la herencia. Centinela, centinela, eres el sentido de las murallas que son como una vaina para el cuerpo frágil del poblado, que le...

«El Principito» (fragmento)
ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY (1900-1944)

Imagen
Hoy, 1 de marzo,  «Decíamos ayer...» cumple un año de existencia. Hemos de agradecer, pues, a los pacientes lectores que han alentado la permanencia de este blog. Vaya entonces este lindísimo fragmento de «El Principito» dedicado a todos los visitantes amigos. XXI Y entonces apareció el zorro; –Buenos días –dijo el zorro. –Buenos días –respondió cortésmente el principito, a la vez que se volvió, pero no vio a nadie. –Estoy aquí –dijo la voz– al pie del manzano... –¿Quién eres? –dijo el principito–. Eres muy bonito... –Soy un zorro. –Ven a jugar conmigo –le propuso el principito–. ¡Me siento tan triste!... –No puedo jugar contigo –dijo el zorro–. No estoy domesticado. –¡Ah! Perdón –dijo el principito. Y añadió después de reflexionar: –¿Qué significa «domesticar»? –Tú no eres de aquí –dijo el zorro– ¿Qué buscas? –Busco a los hombres –dijo el principito–. Pero ¿qué significa «domesticar»? –Los hombres –dijo el zorro– poseen rifles y cazan. Es...

Vuelo nocturno (fragmento)
ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY (1900-1944)

Imagen
I L as colinas, bajo el avión, cavaban ya su surco de sombra en el oro del atardecer. Las llanuras tornábanse luminosas, pero de una luz inagotable: en este país no cesaban de exhalar su oro, como, terminado el invierno, no cesaban de entregar su nieve. Y el piloto Fabien que, del extremo Sur, conducía a Buenos Aires el correo de Patagonia, conocía la proximidad de la noche por las mismas señales que las aguas de un puerto: por ese sosiego, por esas ligeras arrugas que dibujaban apenas los tranquilos celajes. Penetraba en una rada, inmensa y feliz. También hubiera podido creer que, en aquella quietud, se paseaba lentamente casi cual un pastor. Los pastores de Patagonia andan, sin apresurarse, de uno a otro rebaño; él andaba de una a otra ciudad, era el pastor de los villorrios. Cada dos horas, encontraba algunos de ellos que se acercaban a beber en el ribazo de un río o que pacían en la llanura. A veces, después de cien kilómetros de estepas más deshabitadas que el m...