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«Carta a la Srta. Susana Fouché. Directora de la A. C. de Enfermos de Berck» - Paul Claudel (1868-1955)

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Vaya esta publicación en homenaje de aquellos desvalidos físicamente que yacen en sus lechos de dolor; y de sus padres, y de los religiosos y laicos, que consagran sus vidas a su cuidado en sus casas, o en «hogarcitos» y «cotolengos», por amor a Cristo.     Me pide que hable en este primer número de su Boletín a aquellos que usted llama los «disminuidos» de Berck, disminuidos en efecto en cuanto a la actividad material, pero también «crecidos», almas crecidas y profundizadas en sus cuerpos maltrechos. Entre ellos, si es que puedo escoger, me dirijo, no a aquellos en quienes la enfermedad es un simple accidente, sino a aquellos, empleando una expresión que parecerá muy cruel, en quienes la enfermedad es una vocación, una conversión definitiva de toda la naturaleza. Me dirijo a los aclimatados, a esos pacientes a la manera de Pascal que no esperan curación, pero que, una vez que han aceptado su estado, vuelven hacia esa condición extraña que es la suya, la mirada lúcida d...

«No se trata de nosotros solamente...» - Paul Claudel (1868-1955)

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Este poema es una muestra del sentido inmediato y personal que de la existencia de Dios posee el poeta. En su aleccionante sencillez, es también un ejemplo de la conmovedora familiaridad de Claudel frente a lo eterno: transitoria y perecedera, pero también ella misericordiosa, la criatura sabe apiadarse ante los dolores tan paternalmente asumidos por Dios en su compasión infinita. (Ainsi donc encore une fois...) Señor, no se trata de nosotros solamente, se trata de Ti mismo, Dios Eterno. Nosotros que somos padres de pequeñuelos, cuando Tú dices que eres el Padre supremo, ¿Cómo quieres que Te comprendamos, si no de la manera más humilde y más literal, Y, puesto que eres verdaderamente Nuestro Padre, cómo creer que puedas desearnos algún mal? A nosotros que somos padres de pequeñuelos, cuando uno de ellos está enfermo y dolorido, El pan nos parece envenenado y el vino se nos vuelve insípido. Y si ocurre lo que ni siquiera me atrevo a decir Es en nosotros donde el cu...