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Mostrando las entradas con la etiqueta Cuaresma

«El Desierto» - Giovanni Papini (1881-1956)

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«Estos Cuarenta días de soledad son para Jesús la última preparación. Durante Cuarenta años el Pueblo Hebreo –figuración profética de Cristo– tuvo que andar errante por el Desierto antes de entrar en el Reino prometido por Dios...». Salido apenas del agua [1] , Jesús se encaminaba al Desierto: de la Muchedumbre a la Soledad. Hasta entonces había permanecido entre las aguas y los campos de Galilea y por la verde cuenca del Jordán; ahora sube a los montes roqueños donde no brota la fuente, donde el trigo no espiga, donde solamente crecen reptiles y zarzales. Hasta entonces había estado entre los braceros de Nazaret, entre los penitentes de Juan; ahora sube a los montes solitarios donde no se ven caras ni se oyen voces humanas. El hombre nuevo pone, entre ellos y él, el Desierto. El que dijo: «¡Ay del hombre solo!» no midió más que el propio miedo. La sociedad es un sacrificio tanto más meritorio cuanto más repugnante. La soledad para los de alma selecta es Premio y no Expiación. U...

«El ayuno que agrada al Señor» - P. Gabriel de Santa María Magdalena O.C.D. (1893-1952)

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«El ayuno, como cualquier otra forma de penitencia corporal, tiene como fin realizar un desprendimiento más profundo de las satisfacciones terrenas, para que el corazón esté más libre y sea más capaz de saborear las alegrías de Dios y por lo tanto de la Pascua del Señor» 1.– «¿A qué ayunar, si tú no lo ves? ¿A que humillar nuestras almas, si no te das por entendido?» (Is 58. 3). De esta manera, siempre tan escrupuloso cumplidor del ayuno legal, levantaba el pueblo de Israel su voz, pretendiendo exigir unos derechos en fuerza de unas prácticas penitenciales que estaban vacías, de verdadero espíritu de piedad. Y la palabra del Señor respondía: «Ayunáis para mejor reñir y disputar y para herir inicuamente con el puño… ¿Es acaso así el ayuno que yo escogí?» (Ib. 4-5). A través de la palabra del Señor la Iglesia adoctrina a sus hijos sobre el verdadero sentido de la penitencia cuaresmal: «Inútilmente se quita al cuerpo el alimento si el espíritu no se aleja del pecado» (S. León M. 4 Sr...

«La Ceniza» - Romano Guardini (1885-1968)

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Hoy, 1 de marzo, «Decíamos ayer...» cumple cuatro años de existencia. Agradecemos pues a todos sus lectores y amigos que durante este tiempo han apoyado y alentado su continuidad. Y en las vísperas de un nuevo tiempo de Cuaresma, reproducimos este pequeño pensamiento que –propicio para la ocasión– nos ayudará a meditar en la caducidad de la vida terrena. Habrás visto en la vera del bosque una planta herbácea, la «espuela de caballero», de hojas verdinegras caprichosamente redondeadas, tallo erguido, flexible y consistente; flor como recortada en seda y de un fúlgido azul perlino, que llena el ambiente. Pues si un transeúnte la cortara y, cansado de ella, la arrojara al fuego..., en un abrir y cerrar de ojos toda aquella gala refulgente se reduciría a un hilillo de ceniza gris. Lo que el fuego aquí en breves instantes, lo hace de continuo el tiempo con todos los seres vivientes: con el gracioso helecho, y el altivo gordolobo, y el pujante y vigoroso roble. Así con la leve mariposa, ...