Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta J.R.R. Tolkien

«Los Puertos Grises» (fragmento) - John R. R. Tolkien (1892-1973)

Imagen
Ha muerto un viejo amigo, Jorge Ferro. Muchas y muy buenas cosas podríamos publicar aquí de su autoría. Ya lo haremos. Preferimos ahora, como homenaje y tributo a la enseñanza que nos legó, reproducir este fragmento de «El Señor de los Anillos» –que es una despedida–, y a modo de gratitud por todo lo que nos transmitió   en aquellas ya lejanas pero inolvidables reuniones de la «Guardia de San Miguel», acerca  de su entrañable Tolkien, cuando todavía casi ni se oía hablar de él. [...] El veintiuno de septiembre partieron juntos, Frodo montado en el poney en que había recorrido todo el camino desde Minas Tirith, y que ahora se llamaba Trancos; y Sam en su querido Bill. Era una mañana dorada y hermosa, y Sam no preguntó a dónde iban. Creía haberlo adivinado. Tomaron por el Camino de Cepeda hasta más allá de las colinas, dejando que los poneys avanzaran sin prisa rumbo al Bosque Cerrado. Acamparon en las Colinas Verdes y el veintidós de septiembre, cuando caía la tarde, descen...

«Carta a su hijo Christopher» (fragmento) - John R. R. Tolkien (1892-1973)

Imagen
30 de abril de 1944 20Northmoor Road, Oxford. Mi muy querido: [...] Te extraño mucho, y todo esto me es muy duro de soportar, por mí y por ti. El estúpido desperdicio de la guerra es tan enorme, no sólo material, sino también moral y espiritual, que desconcierta a quienes tienen que soportarlo. Y siempre lo hubo (a pesar de los poetas) y siempre lo habrá (a pesar de los propagandistas); por supuesto, no es que no fue, es y será necesario enfrentarlo en un mundo maligno. Pero tan corta es la memoria humana y tan efímeras son sus generaciones, que en sólo unos 30 años habrá poca o ninguna gente con la experiencia directa de ella, que es la única que llega realmente al corazón. La mano quemada es la que más enseña del fuego. A veces me siento aterrado al pensar en la suma total de miseria humana que hay en este momento en el mundo entero: los millones separados los unos de los otros, estremecidos, prodigándose en días sin provecho... aparte de la tortura, el dolor, la muerte, la des...

El Senescal y el Rey (fragmento)
JOHN R. R. TOLKIEN (1892-1973)

Imagen
Para tiempos tenebrosamente democráticos, siempre es buen antídoto evocar la figura de una  antigua y noble reyecía... [...]     Ya todo estaba pronto en la Ciudad; y había un gran concurso de gente, pues la noticia había llegado a todos los ámbitos del Reino de Gondor, desde el Min-Rimon y hasta los Pinnath Gelin y las lejanas costas del mar; y todos aquellos que pudieron hacerlo se apresuraron a encaminarse a la Ciudad. Y la Ciudad se llenó una vez más de mujeres y de niños hermosos que volvían a sus hogares cubiertos de flores, y de Dol Amroth acudieron los tocadores de arpa más virtuosos de todo el país; y hubo tocadores de viola y de flauta y de cuernos de plata; y cantores de voces claras venidos de los valles de Lebennin.    Por fin un día, al caer de la tarde pudieron verse desde lo alto de las murallas los pabellones levantados en el campo, y las luces nocturnas ardieron durante toda aquella noche mientras los hombres esperaban en vela la...

Carta a (su hijo) Michael Tolkien (fragmento)
JOHN R. R. TOLKIEN (1892-1973)

Imagen
1 de noviembre de 1963 Mi muy querido M.: [...] Pero tú hablas de «fe debilitada». Ésa es enteramente otra cuestión. En última instancia, la fe es un acto de voluntad, inspirado por el amor. Nuestro amor puede enfriarse y nuestra voluntad deteriorarse por el espectáculo de las deficiencias, la locura, aun los pecados de la Iglesia y sus ministros, pero no creo que alguien que haya tenido fe alguna vez, retroceda más allá de su límite por estos motivos (menos que nadie, quien tenga algún conocimiento histórico). El «escándalo» a lo más es una ocasión de tentación, como la indecencia lo es de la lujuria, a la que no hace, sino que la despierta. Resulta conveniente porque tiende a apartar los ojos de nosotros mismos y de nuestros propios defectos para encontrar un chivo expiatorio. Pero el acto de voluntad de la fe no es un momento único de decisión definitiva: es un acto permanente indefinidamente repetido, es decir, un estado que debe prolongarse, de modo que rezamos por la o...