«¡Hacéte duro muchacho!» - Ricardo Güiraldes (1886-1927)
En la pampa las impresiones son rápidas, espasmódicas, para luego borrarse en la amplitud del ambiente, sin dejar huella. Así fue como todos los rostros volvieron a ser impasibles, y así fue también, como olvidé mi reciente fracaso sin guardar sus naturales sinsabores. El callejón era semejante al callejón anterior, el cielo permanecía tenazmente azul, el aire aunque un poco más caluroso olía del mismo modo y el tranco de mi petiso era apenas un poco más vivaracho. La novillada marchaba bien. Las tropillas que iban delante llamaban siempre con sus cencerros claros. Los balidos de la madrugada habían cesado. El traqueteo de las pezuñas, en cambio, parecía más numeroso y el polvo alzado por millares de patas iba tornándose más denso y blanco. Animales y gente se movían como captados por una idea fija: caminar, caminar, caminar. A veces un novillo se atardaba mordisqueando el pasto del callejón, y había que hacerle una atropellada. Influido por el colectivo balanceo de aquella marcha, me ...