«Nuestra Madre Dolorosa» - Santiago de Estrada (1908-1985)
En la conmemoración de Nuestra Señora de los Dolores… María en el Calvario: su Hijo, nuestro Dios y nuestro Rey, ha sido clavado en la Cruz por los pecados de su pueblo. ¿Qué hombre no lloraría al verla en tan grande suplicio? Si juntásemos todos los sufrimientos padecidos por los mortales desde la Caída y les añadiésemos los quebrantos que han de sobrevenir hasta el Juicio, serían nada en comparación con una sola lágrima salida de los ojos de la Santísima Madre de Dios. Porque, por santo e inocente que fuese el hombre, el Dolor siempre encontraría en él carne pecadora donde gastar su fuerza devorante; pero en María, limpia de la Culpa original, el Dolor se revuelve en sí mismo y, multiplicada su virulencia, se ensaña en el Corazón Inmaculado… Sea nuestra, pues, la lamentación del Profeta: «¿A quién te compararé? ¿o a quién te asemejaré, Hija de Jerusalén? ¿a quién te igualaré, y te consolaré, oh Virgen Hija de Sion? Porque grande es como el mar tu quebranto»...