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Mostrando las entradas con la etiqueta El Caballo de Troya en la Ciudad de Dios

«Falso irenismo» - Dietrich von Hildebrand (1889-1977)

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«...El anatema contra todos los errores que son esencialmente incompatibles con la revelación de Cristo no es sólo una misión santa, dictada por la fidelidad a Cristo, sino también una expresión del amor santo de la Iglesia...» «El modo y la manera de expresar la fe católica en ningún caso debe convertirse en obstáculo para el diálogo con los hermanos. Es totalmente necesario que se exponga con nitidez toda la doctrina. Nada hay tan ajeno al ecumenismo como el falso irenismo que atenta contra la pureza de la doctrina católica y oscurece su sentido genuino y cierto». (Decreto sobre el Ecumenismo, 11).     «Querer vivir en paz es a menudo la mayor crueldad. Cuando el tumor está maduro, hay que cortarlo con hierro y quemarlo con fuego. Si no hacemos esto, y lo tratamos únicamente con bálsamo, entonces la corrupción se va difundiendo y conduce muchas veces a la muerte» (Santa Catalina de Siena, a quien el Papa Pablo VI exaltó como Doctora de la Iglesia, Carta 239, 185). Una re...

«Falsas alternativas» - Dietrich von Hildebrand (1889-1977)

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He aquí un texto que, escrito en 1969, resulta un claro adelanto de lo que mucho tiempo después, S.S. Benedicto XVI va a denominar la «hermenéutica de la continuidad». C uando leemos la luminosa encíclica Ecclesiam Suam, del Papa Pablo VI, o la magnífica «Constitución Dogmática sobre la Iglesia», de los Padres del Concilio, no podemos menos de darnos cuenta de la grandeza del Concilio Vaticano II. Pero cuando volvemos la mirada a muchos escritos contemporáneos –algunos escritos por teólogos muy famosos, otros escritos por teólogos de menor categoría, y otros también por laicos, que nos ofrecen sus urdimbres teológicas propias de aficionados–, no podemos menos de sentir honda tristeza, y de experimentar grave preocupación. Indudablemente, sería difícil concebir mayor contraste que el que existe entre los documentos oficiales del Vaticano II y las declaraciones superficiales e insípidas de diversos teólogos y laicos que se han extendido por todas partes como un morbo infeccioso. De un la...

«Verba Christi» - Dietrich von Hildebrand (1889-1977)

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Algunos expertos en moderna exégesis bíblica pretenden que las palabras de Cristo, tal como se hallan relatadas en los Evangelios, deben tomarse como auténticas únicamente en cuanto a su sentido, pero no en cuanto a su expresión literal [1] . Mientras que prescindimos aquí de la cuestión de si esta teoría es verdadera o falsa, no puede menos de surgir la pregunta: ¿Por qué la expresión literal –el texto mismo que leemos en los Evangelios– debería sustituirse por otra expresión literal, por otro texto? Los que patrocinan este cambio parten del supuesto de que Cristo habló a los hombres de su época en un lenguaje que ellos entendían y que estaba acomodado a ellos, y que, por tanto, la Iglesia debería traducir el mensaje de Cristo a cada época actual. Esta hipótesis se basa en un equívoco. Mientras se refiere a la predicación, es una hipótesis correcta. Está bien claro que una predicación tiene que estar relacionada con el tiempo presente, aunque esa proximidad al tiempo debe ir asoci...

La vitalidad religiosa y el cambio
DIETRICH VON HILDEBRAND (1889-1977)

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La campaña de la que a sí mismo se llama «la vanguardia» (avant-garde) de la Iglesia incluye en su programa la denigración del pasado de la Iglesia y la proclamación de un cambio como señal de vitalidad. Hemos visto ya que el cambio es un término ambiguo y que induce a error, porque puede referirse a dos fenómenos absolutamente distintos; en primer lugar, puede referirse a una alteración radical (por ejemplo, la sustitución de una convicción o de un ideal por otro), y, en segundo lugar, puede significar cambio en el sentido de crecimiento (el crecimiento y desarrollo de nuestro amor, de nuestra devoción, de nuestra inteligencia). Hemos visto también que el progreso moral no puede consistir en el cambio entendido en el primer sentido de la palabra. Para el cristiano, todo progreso consiste en la segunda clase de cambio: en superar las imperfecciones y cooperar más y más en el proceso de santificación que el Señor nos ofrece en sus enseñanzas y en los sacramentos. Aspirar a es...