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«Cuando la Patria grite ¡Ahora yo!» (fragmentos) - Enrique P. Osés (1899-1954)

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«...En nuestra patria, el liberalismo rompió la armonía de ese sistema cristiano, fuera del cual, todo es desorden, anarquía, caos y destrucción».   [...] Espada y Cruz Acaba de transcurrir un nuevo aniversario del Descubrimiento del Nuevo Mundo. Acabáis de celebrar un Congreso Eucarístico [1] . He aquí lo que yo llamo circunstancia providencial. Nuestra Patria, igual que toda América, surgió a la vida, por la Cruz y por la Espada. La conquista no fue una empresa mercantil o una operación comercial, sino la expansión natural, lógica, un maravilloso ímpetu espiritual de una fe magnífica. Tengamos bien presente esto. Guerreros y frailes, espada y cruz, conquistaron a América. Cuatro siglos después, iba a ser la Espada, otra vez, quien nos diera Patria. Iba a ser la Cruz, quien la fuera abriendo ante el camino. Y ya pueblo independiente, nuestra Patria fue haciéndose palmo a palmo, en el desierto, por la Cruz misionera y por la Espada guerrera. He aquí nuestra auténtica tradición,...

«Una ciudad en estado de gracia» - Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast) (1883-1962)

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En el sexagésimo aniversario de la muerte de este insigne escritor argentino, vaya en su homenaje y recuerdo este inolvidable discurso suyo. Discurso pronunciado en el Teatro Colón, en presencia del Cardenal Pacelli, Legado  a Latere   de S. S., del Presidente de la Nación, de los Cardenales Cerejeira, Hlong, Verdier, Leme; del primado de España, actual Cardenal Gomá y Tomás; del Primado de la Argentina, actual Cardenal Copello, en la brillante asamblea de la inolvidable noche del 12 de octubre de 1934. No os sorprenda, señores, mi emoción al usar de la palabra en este momento y en presencia de tan ilustre concurso. He vacilado mucho al entrar, os lo confieso, pero he recordado la hermosa oración de Esther, antes de llegar a la presencia del rey Asuero, y la he repetido mentalmente: «Acordaos de mí, Señor, vos que domináis todo poder. Poned en mi boca lo que debo decir, a fin de que mis palabras sean agradables al príncipe». Eminentísimo Señor, que representáis con incompa...