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Mostrando las entradas de 2019

«Belén» - Mons. Fulton J. Sheen (1895-1979)

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Junto con la presente publicación «Decíamos ayer...» desea a sus lectores una muy feliz y santa Navidad.    César Augusto, el mayor burócrata del mundo, se hallaba en su palacio cerca del Tíber. Ante él tenía extendido un mapa en que se veía la siguiente inscripción: Orbis Terrarum, Imperium Romanum . Estaba a punto de decretar un censo del mundo, ya que todas las naciones del mundo civilizado se hallaban sometidas a Roma. No había más que una sola capital en este mundo: Roma; una sola lengua oficial: el latín; un solo gobernante: el césar. La orden partió hacia todas las avanzadas, hacia todos los sátrapas y gobernantes del imperio: todo súbdito romano había de ser empadronado en su propia ciudad. En los confines del imperio, en el pequeño pueblo de Nazaret, unos soldados fijaron en las paredes el bando que ordenaba que todos los habitantes fueran a empadronarse en las ciudades de donde sus familias eran oriundas.     José, el artesano, un oscuro descendiente del gran rey David,

«A un año del martirio de Carlos Alberto Sacheri» - Víctor Eduardo Ordóñez (1932-2005)

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El próximo domingo, 22 de diciembre, se cumplirán 45 años del asesinato de Carlos Alberto Sacheri. En su memoria, «Decíamos ayer...» publica este entrañable recuerdo, escrito  con ocasión del primer año de su muerte  por quien fue un gran amigo suyo y a modo de glosa de una oración compuesta por  Abelardo Pithod, cuyo texto íntegro podrá el lector descargar al pie de la página.       Carlos Alberto Sacheri, hermano predilecto, camarada ****** Te han muerto hermano queridísimo Te mataron por lo que eras ****** Y te vas de la vida a la Vida apretando en tu pecho al Cristo que guardabas ¡No! No hay muerte repentina Tú la miraste venir con ojazos buenos ****** como de frente y hace mucho la mirabas Abelardo Pithod    El 22 de diciembre se cumplirá el primer aniversario de la muerte por asesinato de Carlos Sacheri.    Hay algo de misterio y de admirable en la muerte de Carlos Sacheri.    El misterio pertenece al Misterio más profundo que rige la l

«El mensaje social del Evangelio» - Marcel Clément (1921-2005)

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[...] Ascensión y pobreza     Los judíos esperaban, ciertamente, un enviado de Dios. Pero la exégesis legalista de las profecías lo dibujaba con los rasgos de una autoridad sin falla que vendría a hacer reinar la justicia en el mundo en nombre del Señor Yahvé y que provocaría una especie de mutación, de renovación general. Algunos soñaban en un rey guerrero que, a ejemplo de Judas Macabeo, liberaría a los judíos de la ocupación romana. Los más espirituales imaginaban que las demás naciones (los «gentiles») se convertirían al judaísmo. Los más nacionalistas soñaban en una conquista temporal de los otros pueblos. Todos coincidían en esperar que éstos quedarían sometidos a Israel «como escabel bajo los pies de un hombre poderoso» .    En este contexto, la labor de Jesús no es fácil. Los propios apóstoles no están exentos de ambiciones políticas. Esperan que Jesús restablezca el Reino... Disputan por las precedencias.     La revelación será, pues, progresiva. En cierto sentido

«La Inmaculada Concepción» - San John Henry Newman (1801-1890)

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   Por «la Inmaculada Concepción» de la Virgen Santísima entendemos esa verdad revelada según la cual María fue concebida en el seno de su madre santa Ana, sin pecado original.   Desde la caída de Adán, toda la humanidad –sus descendientes– son concebidos y nacen en pecado. Mira  –dice en el salmo Miserere el autor inspirado–, mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre. Este pecado, que nos pertenece a cada uno de nosotros y que es nuestro desde el primer momento de nuestra existencia, es el pecado de incredulidad y desobediencia por el que Adán perdió el paraíso. Nosotros, como hijos de Adán, heredamos las consecuencias de su pecado, y por causa suya perdimos aquella vestidura espiritual de gracia y santidad que el Creador le había dado a él en el momento de crearlo. Todos nosotros hemos sido concebidos y hemos nacido en ese estado de pérdida y desheredamiento; y la forma normal para sacarnos de él es el sacramento del bautismo.     Pero María no estuvo nunca

«Carta al Padre Caron» - Carlos de Foucauld (1858-1916)

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Tamanrasset, 9 de junio 1908.     El rincón del Sahara, que yo solo tengo que trabajar, tiene dos mil kilómetros de Norte a Sur, y mil de Este a Oeste, con cien mil musulmanes dispersos por este espacio, sin un cristiano, si no son los militares franceses en todos los grados; estos últimos son poco numerosos; noventa o cien, diseminados en esta extensión; pues en las tropas saharianas sólo los cuadros son franceses; los soldados son indígenas. Yo no he hecho una sola conversión en serio desde hace siete años que estoy aquí; dos bautismos; pero Dios sabe lo que son y serán las almas bautizadas; un niño pequeño, que los Padres Blancos educan –¡Dios sabe lo que será!– y una pobre vieja ciega: ¿qué habrá en esa cabeza y en qué medida su conversión es real? Como conversión en serio, cero, y aún diré alguna cosa más triste, y es que cuanto más voy viendo, más creo que no hay lugar a buscar hacer conversiones aisladas (salvo casos particulares), por el momento, siendo la masa de un ni

«Literatura desagradable» - P. Leonardo Castellani (1899-1981)

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Como podrá apreciarse de la lectura del artículo que hoy publicamos, y que fuera escrito allá por el año 1953, ha pasado mucha agua bajo el puente, y, para decirlo de un modo más que figurado, «de aquellos polvos, hoy tenemos estos lodos» nauseabundos... «Hay algo que no anda marchando bien en las máximas esferas – dice el gran Kai-Lung, de Ernesto Brahama– cuando los hombres  se vuelven mujeres y las mujeres hombres». Traducido y publicado en Méjico por una compañía estadounidense, se ha difundido recientemente entre nosotros un voluminoso « estudio»  (?) sociológico-psicológico-jurídico [1] perteneciente a la desagradable literatura de nuestros días acerca de la sodomía. Este señor del hemisferio norte, que se cubre con un pseudónimo, defiende el vicio contra natura, se ufana de él y reclama para él « la igualdad»… ¿Qué igualdad? ¡Santo cielo! Con gran éxito, la Revolución Francesa predicó al mundo la igualdad; pero nunca jamás la explicó. Se está haciendo neces

«El móvil de Francia en el bloqueo de 1838» - Alberto Ezcurra Medrano (1909-1982)

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En un nuevo aniversario de la batalla de la Vuelta de Obligado, y en el día de la Soberanía Nacional, «Decíamos ayer...», publica, a modo de homenaje, este esclarecedor artículo donde se devela la verdadera causa del bloqueo francés al puerto de Buenos Aires y al litoral del Río de la Plata.      El 30 de noviembre de 1837 –según nos dice la historia– el vicecónsul de Francia en Buenos Aires, Aimé Roger, envió una insolente nota al gobierno de D. Juan Manuel de Rosas.      Por ley del 1° de abril de 1821 se había extendido «la obligación de enrolamiento y servicio en la guardia nacional a los extranjeros propietarios de bienes raíces, dueños de tienda de menudeo o por mayor, que ejercieren arte mecánica o profesión liberal, y en general a todos los que hubiesen residido más de dos años consecutivos en la provincia de Buenos Aires».    Esta ley era perfectamente equitativa, pues concedía a los extranjeros ciertos derechos que por entonces eran privilegio exclusivo de los ciu

«La idolatría en el hombre» - Fray Mario José Petit de Murat (1908-1972)

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   Dios ha puesto en nuestros corazones un deseo real y profundo de felicidad y de paz. Y este deseo natural de felicidad es verdadero porque ha sido puesto por Dios y nos impulsa a la búsqueda del bien y de una manera oscura a la búsqueda y al amor de Dios mismo, único objeto que puede hacernos real y profundamente felices. Por consiguiente, el deseo natural de felicidad es algo bueno e incluso indestructible como el ser y el alma misma que tenemos. Por eso siempre hay en nosotros un trans-fondo religioso, incluso en los ateos y pecadores, si bien muchos no se dan cuenta de ese impulso vital y profundo de su ser hacia Dios, impulso que es anterior incluso a nuestra propia libertad humana.     Pero en el plano de nuestra libertad nosotros tenemos que elegir el objeto concreto de nuestra felicidad humana. En este sentido nosotros nos colocamos frente a Dios y frente a las creaturas y puestos así tenemos que elegir, tenemos que decidir libremente a quién vamos a poseer o con quién vam