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«La Patria» - Francisco Luis Bernárdez (1900-1978)

En un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, a  nuestra querida Patria Argentina  –que  hoy más que nunca es ese «dolor que nuestros ojos no aprenden a llorar» – .   Que Dios la restaure en su esencia fundacional y en su destino de grandeza, notablemente evocados en este poema. Dios la fundó sobre la tierra para que hubiera menos hambre y menos frío. Dios la fundó sobre la tierra para que fuera soportable su castigo. Desde aquel día es para el hombre desamparado como el árbol del camino. Porque da frutos como el árbol y como el árbol tiene sombra y tiene nidos. Manos de amor la hicieron grande como sus cielos, sus montañas y sus ríos. Como el candor de sus rebaños y la virtud de sus trigales infinitos. Manos seguras en el día de la victoria y en la noche del vencido. Tanto en el puño de la espada como en la mano y en el hombro del amigo. Podemos dar gracias al cielo por la belleza y el honor de su destino. Y por la dicha interminable de haber nacido en el lugar d

«Signos de los tiempos» - Guillermo Gueydan de Roussel (1908-1996)

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Es ciertamente probable que la Pasión del Cuerpo Místico de Cristo bajo el reino del Anticristo, será muy similar a la del Salvador, de igual manera que la historia del fin del mundo ha sido estrechamente ligada en el Evangelio a la ruina y destrucción de Jerusalén. Los principales actores de esta nueva pasión están ya en sus puestos: el gran prelado, símbolo de la filosofía y de la duda; Pilatos, el liberal indiferente; Judas, el apóstol traidor; los demás apóstoles, dormidos por sueños utópicos y o bien mezclados a la multitud para pasar inadvertidos; los judíos nacionalistas que sueñan con un reino temporal; los sabios fariseos que tienen en su poder la llave de la ciencia y todo lo explican por causas naturales; los herodianos, reunidos en sociedades secretas y teniendo en todas partes espías; los saduceos materialistas, que niegan la resurrección de la carne; la muchedumbre amenazadora, que hace oír sin cesar su voz; la soldadesca que ríe; los santos que guardan piadosamente la im

Otra «Carta al Padre Caron» - San Carlos de Foucauld (1858-1916)

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Hoy, junto con otros, ha sido canonizado el P. Carlos de Foucauld. He aquí otra carta suya [1] donde se aprecia claramente su intenso amor a las almas y su obstinado empeño en la conversión de los infieles a la verdadera Fe, deber evangelizador hoy tan subestimado... Tamanrasset, 11 de marzo 1909 Desde hace mucho tiempo, perseguido por la idea del abandono espiritual de tantos infieles, y en particular del de los musulmanes e infieles de nuestras colonias, viendo, al mismo tiempo, el amor por los bienes materiales y la vanidad invadir cada vez más al pueblo cristiano, he puesto sobre el papel, después de mi último retiro, hace un año, un proyecto de asociación católica, teniendo el triple fin de llevar a los cristianos a una vida de acuerdo con la del Evangelio, presentando como modelo a Aquel que es el Modelo Único; de desarrollar entre ellos el amor de la Santa Eucaristía, que es el bien infinito y nuestro Todo, y provocar entre ellos un movimiento eficaz para la conversión de l

«La nueva civilización de la modernidad» - Fray Aníbal E. Fosbery O.P. (1933-2022)

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Ha muerto el P. Aníbal Fosbery, sacerdote dominico y fundador de la «Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino» (FASTA). He aquí, en un capítulo de este excelente libro suyo, una magnífica síntesis de la historia de la cultura. El profundo quebranto religioso y metafísico que produjeron la Reforma y el Renacimiento, negando la certeza objetiva de la verdad revelada y la posibilidad gnoseológica de alcanzar a conocer lo que es, provocó una transpolación de lo cultural a lo ideológico, generándose una civilización sin cultura: la civilización de la secularización. La ideología ocupará el lugar que en la cultura católica tenía la revelación de Dios. La religión de la naturaleza, con su secuela de naturalismo, afirmará la realidad del mundo desde él mismo y generará un inmanentismo intramundano excluyente de toda referencia a Dios, es decir, identificado con el ateísmo. Las actividades fundamentales del espíritu: ciencia, arte, economía, política, y las formas diversas desde la

«Carta a su hijo Christopher» (fragmento) - John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973)

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30 de abril de 1944 20Northmoor Road, Oxford. Mi muy querido: [...] Te extraño mucho, y todo esto me es muy duro de soportar, por mí y por ti. El estúpido desperdicio de la guerra es tan enorme, no sólo material, sino también moral y espiritual, que desconcierta a quienes tienen que soportarlo. Y siempre lo hubo (a pesar de los poetas) y siempre lo habrá (a pesar de los propagandistas); por supuesto, no es que no fue, es y será necesario enfrentarlo en un mundo maligno. Pero tan corta es la memoria humana y tan efímeras son sus generaciones, que en sólo unos 30 años habrá poca o ninguna gente con la experiencia directa de ella, que es la única que llega realmente al corazón. La mano quemada es la que más enseña del fuego. A veces me siento aterrado al pensar en la suma total de miseria humana que hay en este momento en el mundo entero: los millones separados los unos de los otros, estremecidos, prodigándose en días sin provecho... aparte de la tortura, el dolor, la muerte, la des

«Otro mártir ignorado» - Eugenio Vegas Latapie (1907-1985)

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  Debe notarse, ante el título de esta nueva publicación, que ésta fue escrita en 1985. Luego de esa fecha, gracias a Dios, los mártires de la persecución religiosa en España han sido no sólo reconocidos, sino que, además, una ingente cantidad de ellos, elevados a los altares. Este artículo de Eugenio Vegas Latapie tiene la emotividad de ser el último suyo, dictado durante su última enfermedad a Gabriel Alférez –como éste explica en su artículo que aparece en este mismo número de VERBO–, publicado en la Hoja informativa núm. 23 del Círculo Tradicionalista «Roca y Ponsa» de Las Palmas de Gran Canaria, a la que estaba especialmente destinado, correspondiendo a la petición de nuestro amigo José de Armas Díaz, «factótum» de estas hojas. (N. de la Redacción de Verbo-Speiro) Emilio Ruiz Muñoz fue un católico ejemplar y destacado periodista, sacrificado por los marxistas en el Madrid rojo, como otros tantos mártires ignorados, al comienzo de la persecución religiosa desencadenada a raíz de

«¡No está aquí!» - Giovanni Papini (1881-1956)

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¡Surrexit Dominus vere, alleluya! No había nacido aún el sol del día que, para nosotros, es el domingo, cuando las mujeres se encaminaron al Huerto. Sobre las colinas de oriente una esperanza blanca, ligera como el reflejo remoto de una tierra vestida de lirios y de plata, se levantaba lentamente entre el palpitar de las constelaciones, venciendo, poco a poco, la claridad opaca y el centelleo de la noche. Era una de aquellas albas serenas, que invitan a pensar en los inocentes que duermen y en la belleza de las promesas, y el aire puro y suave parece que hubiera sido agitado poco antes por un vuelo de ángeles. Jornadas virginales que se preparan con lucientes palideces, con alegre pudor, con frescos estremecimientos, con animadoras candideces. Las mujeres iban, abstraídas por la tristeza, en el ventoso crepúsculo, casi encantadas por una inspiración que no habrían podido justificar. ¿Regresaban a llorar sobre la roca? ¿O por ver una vez más iban a quien supo apoderarse de sus corazon

«El viaje de Jesús hacia el Calvario»-P. Leonardo Castellani (1899-1981)

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Con la presente publicación «Decíamos ayer...» desea a sus lectores una piadosa Semana Santa y una muy feliz y santa Pascua de Resurrección. Alrededor de las doce del día fue Nuestro Señor crucificado; y murió alrededor de las tres de la tarde. Cuando le anunciaron la muerte, Pilatos se extrañó de lo pronto; mejor podría haberse extrañado que no hubiese muerto antes. Tres veces cayó bajo la Cruz, según la Tradición, en el empinado camino que, desde hace veinte siglos, llamamos la Vía Dolorosa; la Tradición también nos ha trasmitido el episodio de la compasiva mujer Berenice, que llamamos la Verónica; y los Evangelios nos narran el breve diálogo con un grupo de mujeres solimitanas, llorando ellas y amonestando Él; y la ayuda forzada del hombre de Cirene, Simón, a quien obligaron a llevar por un trecho la cruz. Tan rendido aparecía Cristo que los verdugos temieron muriese en el camino: el infierno quería su plan, quería su presa: los judíos querían un Crucificado no un muerto de cansanci