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«Verba Christi» - Dietrich von Hildebrand (1889-1997)

Algunos expertos en moderna exégesis bíblica pretenden que las palabras de Cristo, tal como se hallan relatadas en los Evangelios, deben tomarse como auténticas únicamente en cuanto a su sentido, pero no en cuanto a su expresión literal [1] . Mientras que prescindimos aquí de la cuestión de si esta teoría es verdadera o falsa, no puede menos de surgir la pregunta: ¿Por qué la expresión literal –el texto mismo que leemos en los Evangelios– debería sustituirse por otra expresión literal, por otro texto? Los que patrocinan este cambio parten del supuesto de que Cristo habló a los hombres de su época en un lenguaje que ellos entendían y que estaba acomodado a ellos, y que, por tanto, la Iglesia debería traducir el mensaje de Cristo a cada época actual. Esta hipótesis se basa en un equívoco. Mientras se refiere a la predicación, es una hipótesis correcta. Está bien claro que una predicación tiene que estar relacionada con el tiempo presente, aunque esa proximidad al tiempo debe ir asoci

«Yo fundo el orden...» - Antoine de Saint- Exupéry (1900-1944)

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Yo fundo el orden, decía mi padre. Pero no según la simplicidad y la economía. Porque no se trata de ganarle al tiempo. Qué me importa saber si los hombres serán más gordos si construyen graneros en vez de templos y acueductos en vez de instrumentos de música; porque al despreciar una humanidad mezquina y vanidosa, aunque sea opulenta, me importa conocer primero de qué hombre se tratará. Y aquel que me interese será el que se haya bañado largamente en el tiempo perdido del templo, y contemplado ociosamente la vía láctea que ensancha, y haya ejercitado su corazón en el amor por el ejercicio de la plegaria que no tuvo respuesta (porque si la respuesta pagara la plegaria el hombre sería aun más mezquino) y en quien haya resonado a menudo el poema. Porque el tiempo que economizo en la construcción del templo, que es navío que se dirige a algún lado, o en el embellecimiento del poema que hace resonar el corazón de los hombres, será preciso que lo emplee en ennoblecer antes que en engordar

«La Catedral» - Luis Gillet (1876-1943)

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Puede ser ortodoxa y llamarse Nuestra Señora de Kiev o Nuestra Señora de Kazán, bajo un grupo de cápsulas de cobre sostenidas por linternas semejantes a los vasitos de vidrio de una lámpara de mezquita; puede ser bizantina y llamarse Santa Sofía de Constantinopla o San Marcos de Venecia, que corona una fastuosa nube de esferas. Es a menudo románica y presenta el gran cofre unido y feudal de las catedrales de Salerno o de Amalfi, con sus naves apacibles formadas de hileras de columnas antiguas, cubiertas por un techo de armadura, y precedidas de un pórtico descansando sobre leones; o bien puede ofrecer, a guisa de frontón, un triángulo festoneado por arquerías toscanas, y formar entre su baptisterio y su campanil aéreo, junto a un Camposanto, el paisaje sobrenatural y el grupo de monumentos divinos que flotan, como un espejismo de nácar y de ópalo, sobre los Campos Elíseos de la Pradera de Pisa. Pero siempre, en ese grave concilio, hay un grupo, un coro que se destaca con los caracter

«Elogio de la desigualdad» - Rubén Calderón Bouchet (1918-2012)

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Por pedido de algunos lectores, a partir del presente artículo pondremos a su disposición, al pie de la página, el texto correspondiente de cada publicación, en PDF y listo para descargar e imprimir. Se suele reprochar al Antiguo Régimen el haber desconocido el papel protagónico de la mujer en eso que se llama, sin ser demasiado precisos, la promoción de la cultura, e inmediatamente se presenta a la consideración del interesado, las diversas actividades sociales en las que interviene la mujer moderna y que antes pertenecían a la exclusiva disposición de los varones. El hecho es ése y no se entra a discutir para nada si la intervención de la mujer en las faenas privativas del hombre ha mejorado las condiciones de la vida o las ha empeorado. Se parte de un postulado que, como todos los de su especie, tiene la fijeza normativa de un punto de partida indiscutible. El hombre y la mujer son iguales, las distinciones y diferencias existentes están marcadas por el consenso cultural y por lo

«Los Reyes de Oriente» - P. Agustín Berthe C.Ss.R. (1830-1907)

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«¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo...» (Mt. II, 2 ). ¡Feliz día de la Epifanía del Señor! Mientras que Jesús Salía de Jerusalén ignorado de todos, con excepción de un anciano y de una pobre viuda [1] , Dios preparaba un acontecimiento que obligaría a los doctores, al Sanhedrín y al mismo rey Herodes a fijar su atención en el recién nacido. Más allá de las fronteras de Israel, bajo el hermoso cielo de Oriente, existían pueblos que esperaban también un Salvador. Persas, Árabes y Caldeos, alimentaban esta misma esperanza. Cuando los Hebreos desterrados lloraban en las márgenes del Éufrates, los sabios del país los interrogaban acerca de sus destinos, hojeaban con ellos los libros proféticos y se iniciaban en los secretos del porvenir. Sabían que la venida del Mesías de Israel sería anunciada por un signo celeste, porque un profeta, hablando de él, había dicho: «Yo lo veo, pero no existe aún. Lo contemplo, au

Homilía en la Misa «Pro Eligendo Romano Pontifice» - S.S. Benedicto XVI (1927-2022)

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Ha muerto S.S. Benedicto XVI, nuestro Papa emérito. Reproducimos aquí aquella inolvidable homilía, hoy de gran vigencia, pronunciada por él como Decano del Colegio Cardenalicio, en la misa previa a su elección como Sumo Pontífice. Que su lectura nos ayude a mantenernos firmes en la fe, como fue su deseo.  Is 61, 1 - 3a. 6a. 8b - 9 Ef 4, 11 - 16 Jn 15, 9 - 17 En esta hora de gran responsabilidad, escuchemos con particular atención cuanto nos dice el Señor con sus mismas palabras. De las tres lecturas quisiera elegir sólo algún pasaje, que nos concierne directamente en un momento como éste. La primera lectura presenta un retrato profético de la figura del Mesías, un retrato que recibe todo su significado desde el momento en que Jesús lee este texto en la sinagoga de Nazaret, cuando dice: «Esta Escritura se ha cumplido hoy» ( Lc  4, 21). En el centro del texto profético encontramos una palabra que, al menos a primera vista, parece contradictoria. El Mesías, hablando de sí mismo, dic

«Iglesia temporal e Iglesia eterna» - Fray Domingo Renaudière de Paulis O. P. (1924-2004)

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Vaya este excelente y actualísimo texto como ofrenda a todos aquellos que han luchado, y aun luchan, por la instauración temporal del Reinado de Cristo y de su Iglesia en la Tierra. Y sirva de estímulo para que no cesen en tan gran empeño.  La Iglesia tiene también una realidad terrestre; y esta vida visible, este tiempo de su peregrinaje cuenta tanto como el misterio de la humanidad de Cristo y de su temporalidad para la redención y la gloria. Y tal como se ha dado un puro asceticismo que olvidó la humanidad de Cristo para unirse más a la pureza de su divinidad, así existe el olvido y la desconsideración de la temporalidad de la Iglesia para pensar y vivir más hondamente la pura Iglesia eterna. Un igual error en ambos olvidos; una misma falta de perfecta caridad en las dos falsedades. Y hoy pareciera como que nos hubiésemos acostumbrado los católicos a sentirnos simplemente en medio de una Iglesia cuya fuerza temporal no tendría sentido ni eficacia: la presencia de una real Cristianda

«Retablo de Navidad» - Ignacio B. Anzoátegui (1905-1978)

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Con la presente publicación, «Decíamos ayer...» desea a todos sus lectores una muy feliz y santa Navidad. «Esto os será la señal: hallaréis a un niñito  envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2, 12) Ya cantaba el aire. Ya por las esquinas de los cuatro rumbos pastores y ángeles andan a los tumbos, preguntando a todos si han visto a mi Bien. Y hay un alboroto de alas y ovejas, de balidos nuevos y antiguas consejas, que se arremolinan camino a Belén. La vida ya es vida, sonido el sonido, ya el azul es cielo feliz y cumplido y amor el amor. Y ya de rodillas se ponen las flores, Presentando armas a los ruiseñores, que en bandadas vienen a ver al Señor Y el Niño que mira, y el niño que mira y apenas, apenas si acaso, respira por miedo a la gloria, por miedo a la gruta, que es gruta y altar. La luz en el aire se moja de aromas y vuelan palomas, palomas, palomas; y el Niño que tiene ganas de llorar. ¿Qué le pasa al Niño? ¿Qué sofoco ahogado de canto y de llanto le arrasa los ojos d

«El catolicismo en nuestra historia» - Juan Vázquez de Mella (1861-1928)

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He aquí una maravillosa página de este gran pensador español, cuyos términos, ciertamente, bien le caben a nuestra dolida Argentina y a toda Hispanoamérica, pues hijos somos de esa nación, que nos ha fundado con el bautismo de la misma Fe. Ese vínculo externo que une nuestra vida con la vida de la Patria nos obliga a mucho. A lo primero que nos obliga es a conocerla, porque tenemos la obligación de amarla, y no se puede amar lo que se ignora. Y aquí voy a deducir una consecuencia: que si es necesario conocer a la nación para amarla, hay que conocer su vida íntima, hay que conocer la idea directriz de su historia, el principio vital que ha informado su ser y todas las manifestaciones de su genio, y para conocer eso, cuando se trata de España, hay que conocer la religión católica. Pero ¿es verdad que la religión católica constituye el elemento predominante y directivo de la Patria y de la Nación española? Para negarlo, a fin de eludir la consecuencia de la enseñanza religiosa obligat