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«Notas marginales» (fragmento) - Rubén Calderón Bouchet (1918-2012)

Nuevo mundo feliz     La primera versión de «La Cenicienta» que llegó a mis oídos traía una versión cruel pero aleccionadora sobre el medio empleado por las hijas de la madrastra para hacer entrar sus grandes pies en el zapatito de «La Cenicienta». Tomaron un cuchillo y cortaron todo cuanto podía rebasar la medida del calzado. El zapato entró, pero como no podían caminar, el Príncipe no se convenció que una de ellas fuera la estupenda bailarina de la noche anterior.
    La lección vino con los años y se traduce en esta modesta reflexión que ofrezco a quien quiera escucharla, porque su aplicación es de valor universal y puede extenderse a todas las esferas de la acción humana: el zapato debe ser hecho a la medida del pie y no el pie a la del zapato.
    Ofrecer modelos de sociedades perfectas fue una inocente manía que, desde Campanella a Tomás Moro, entretuvo a muchos hombres de pensamiento, dándoles solaz y ocasión para afilar una pluma que no gustaba estar tranquila en su tintero. Lo…

«A propósito de Martín Fierro» (fragmento) - Roberto de Laferrère (1900-1963)

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Junto con la presente publicación, «Decíamos ayer...» ofrece a sus lectores el texto completo de este magnífico trabajo sobre nuestro «Martín Fierro» y su autor, el cual puede descargarse al pie de la página.
Nadie discute hoy los valores de «Martín Fierro», pero esta consagración definitiva no le fue concedida de buen grado por los contemporáneos de su autor, quien, durante largos años, sólo mereció el desdén de los críticos y de los profesores de literatura. En el prólogo a una antología de poetas nacionales, hecha por Coronado, Juan Antonio Argerich calificó a Hernández, junto con Ascasubi, de «insoportablemente prosaicos». Pero sería un error atribuir esta malquerencia sólo a remilgos literarios, y parece más lógico buscar su causa en el contenido mismo del poema, en su sentido político, en la crítica sagaz de la realidad social de su tiempo que apenas disimula bajo formas poéticas. Eso es, ante todo, Martín Fierro: un alegato apasionado, un desafío a la polémica, la iniciación de …

«El perdón» - Clive Staples Lewis (1898-1963)

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En la iglesia (y en otras partes), afirmamos muchas cosas sin pensar lo que estamos diciendo. Por ejemplo, al rezar el Credo, decimos «Creo en el perdón de los pecados». Durante muchos años, repetía esas palabras sin preguntarme por qué motivo se encuentran en esa oración. A primera vista, no es necesario incluirlas. «Es evidente que un cristiano cree en el perdón de los pecado –pensaba yo–; se sobreentiende». Sin embargo, al parecer, los autores del Credo consideraron importante recordar este aspecto de nuestra fe cada vez que asistimos a la iglesia, y, por mi parte, he comenzado a reconocer que tenían razón. Creer en el perdón de los pecados no es tan fácil como yo pensaba. Esta creencia se debilitará con facilidad si no la reforzamos de manera permanente.     Creemos que Dios perdona nuestros pecados, pero también que no lo hará si nosotros no perdonamos a los demás cuando nos ofenden. La segunda parte de esta afirmación es indudable, porque se menciona en la Oración de Nuestr…

«La Gran Cartuja» (fragmento) - León Bloy (1846-1917)

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      Fundada en 1084, la de San Bruno –roble glorioso que cubre el mundo cristiano con su vigorosa frondosidad– es la única entre todas las familias religiosas que ha merecido este testimonio del Papado: «Cartusia nunquam reformata, quia nunquam deformata»; la orden de los Cartujos, nunca deformada, no ha necesitado jamás ser reformada.
En un siglo arrojado como el nuestro a las lampreas o a las morenas de la total anarquía que amenaza convertir al mundo en festín, es por lo menos interesante contemplar ese monumento del pasado cristiano de Europa, único que ha quedado en pie e intacto, sin sacudidas ni máculas, en medio del torrente de los siglos. «¿De dónde proviene eso? –dice un autor cartujo de nuestro tiempo–. De la sabiduría que por rigurosa consecuencia acompaña a las resoluciones del Definitorio, puesto que sus Ordenanzas no obligan sino después de haber sido experimentadas y deben tener la aprobación de aquellos que no las han dictado [...]» Por lo demás, basta franquear…

«Nuestra historia nacional» - Juan Vázquez de Mella (1861-1928)

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La historia de España se confunde durante más de un siglo con la historia universal. Nosotros teníamos un imperio al lado del cual eran provincias el de Ciro y el de Alejandro, porque fue veintitrés veces más grande que el de Roma; nuestros personajes formaban como una selva en el siglo XVI. Nosotros fuimos grandes, con una grandeza tal, que quisiera recordar las palabras de un gran español lusitano, Oliveira Martins, que, a pesar de ser positivista y ateo, cuando escribió uno de sus libros cantaba las glorias de España con un acento tal que ciertamente eclipsa aquel otro lenguaje, impropio al hablar de una madre, que suelen usar nuestros historiadores de los partidos democráticos; él, positivista entonces, aunque su sinceridad y buena fe le llevaron a morir abrazado a la cruz; él, positivista y ateo, decía: «No se puede afirmar en España que la monarquía y el catolicismo fueran contra natura; habría que averiguar de dónde sacaron ellos su fuerza, y habría que quemar todos los docume…

«Mi visita al centinela dormido» (fragmento) - Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944)

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Bien está que sea castigado con pena de muerte. Ya que reposa en su vigilancia tanto sueño de lenta respiración, cuando la vida te alimenta y se perpetúa a través de ti, como en lo profundo de una ensenada ignorada, la palpitación de los mares. Y los templos cerrados con sus riquezas sacerdotales lentamente cosechadas como una miel, tanto sudor y cinceladuras, y piedras acarreadas, y ojos gastados en el juego de las agujas sobre las telas de oro, para hacerlas florecer, y tantos delicados arreglos bajo la invención de las manos piadosas. Y los graneros con provisiones para que el invierno sea fácil de soportar. Y los libros sagrados en los graneros de la sabiduría donde reposa la provisión del hombre. Y los enfermos cuya muerte hago más llevadera, tornándola apacible en medio de la costumbre de los suyos, y casi inadvertida su delegar la herencia. Centinela, centinela, eres el sentido de las murallas que son como una vaina para el cuerpo frágil del poblado, que le impide derrama…

«La gran seduccción» (fragmento) - P. Julio Meinvielle (1905-1973)

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[...] La civilización moderna y los católicos     Este radical cambio[1] operado en la escala social de los valores civilizadores, va a plantar un problema práctico a los católicos, terrible y decisivo. Porque, una de dos, o se mantienen en la verdad católica íntegra, valedera aún como norma de conducta privada y pública y entonces se exponen a ser tachados de reaccionarios, retrógrados, antiprogresistas o antimodernos; o, en cambio, reservando la verdad católica integral a un plano puramente teórico, aceptan como norma práctica de vida, una conciliación de los principios católicos con los modernos, una mixtura, una transacción, una regla de conducta, derivada de una teología alterada o disminuida.     Esto segundo hicieron los clérigos constitucionalistas los días mismos de la Revolución; esto hicieron, con gran despliegue de pensamiento los redactores de l’Avenir, y, sobre todo Lamennais; esto hicieron, en todos los países católicos, los llamados «católicos liberales»; esto cumpliero…

«El tiempo santificado» - Romano Guardini (1885-1968)

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Ante el inicio de un nuevo año que «Decíamos Ayer» desea feliz y santo para todos sus lectores resulta oportuna la meditación de este luminoso pensamiento sobre la utilización del tiempo y su santificación.


   Cada hora del día tiene su tono propio, pero tres de ellas nos contemplan con rostro particularmente claro: la mañana, el anochecer y, entre ambas, el mediodía.

La mañana     Antes que todas las demás horas, resplandece el rostro de la mañana, fuerte y radiantemente. La mañana es comienzo. El misterio del nacimiento se renueva cada mañana. Salimos del sueño, en el cual nuestra vida se ha rejuvenecido y sentimos: ¡yo vivo! Yo soy.    Esta existencia nuevamente vivida se torna oración, se dirige hacia Aquél de quien ella procede. «Dios, Tú me has creado; te doy gracias porque puedo ser, porque puedo vivir. Te doy gracias por todo lo que tengo y soy». La vida nuevamente sentida experimenta su fuerza y urge a la acción. Entonces se vuelve al día que llega y a sus tareas. También es…

«Belén» - Mons. Fulton J. Sheen (1895-1979)

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Junto con la presente publicación «Decíamos ayer...» desea a sus lectores una muy feliz y santa Navidad.

   César Augusto, el mayor burócrata del mundo, se hallaba en su palacio cerca del Tíber. Ante él tenía extendido un mapa en que se veía la siguiente inscripción: Orbis Terrarum, Imperium Romanum. Estaba a punto de decretar un censo del mundo, ya que todas las naciones del mundo civilizado se hallaban sometidas a Roma. No había más que una sola capital en este mundo: Roma; una sola lengua oficial: el latín; un solo gobernante: el césar. La orden partió hacia todas las avanzadas, hacia todos los sátrapas y gobernantes del imperio: todo súbdito romano había de ser empadronado en su propia ciudad. En los confines del imperio, en el pequeño pueblo de Nazaret, unos soldados fijaron en las paredes el bando que ordenaba que todos los habitantes fueran a empadronarse en las ciudades de donde sus familias eran oriundas.     José, el artesano, un oscuro descendiente del gran rey David, tuvo q…