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Educación y destino
TOMÁS D. CASARES (1895-1976)

Educar es no sólo preparar para la vida, sino también para la muerte, y para lo que haya tras la muerte; es colocar a un alma en la dirección de su destino. Esto de manejar destinos ajenos puede parecer una intromisión ilícita en lo que hay de más íntimo e inviolable en la vida humana, ya que el destino elegido se refleja sobre todos los actos de la vida, es como el molde en el que vaciamos nuestro ser, para que cuanto de él provenga –convicciones de la inteligencia, resoluciones voluntarias, alegrías y padecimientos– tome la forma ideal, arquetípica, que nos proponemos alcanzar. Alcanzarla es, precisamente, cumplir nuestro destino. Puede parecer intromisión, decía, porque el destino suele ser considerado como objeto de libre elección individual. Juzgándolo así, el laicismo propugna un sistema educacional que pase a la vera del problema del destino, que se limite a vitalizar todas las posibilidades espirituales de los niños sin acentuar ninguna, para que, llegada la edad del disce…

Defecto de cultura filosófica y desorden intelectual
ROBERTO DE LAFERRÈRE (1900-1985)

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Nuestros filósofos políticos, cuyo pensamiento presidió la formación de nuestra nacionalidad, confundieron en todo tiempo progreso con sustitución. Ese error, de origen intelectual, que está en la raíz del liberalismo filosófico, incapaz siempre de distinguir la substancia de sus cualidades, ha sido funesto para el desarrollo de la personalidad nacional, condenándola, precisamente, a no desarrollarse y a dispersarse en la nada.    La noción de progreso es inseparable de la de perfeccionamiento. Sólo progresa lo que se perfecciona en el sentido de lo que ya es. No se concibe un progreso que se opere en el vacío, en la nada o en lo inestable por naturaleza propia; no se concibe el progreso sin una substancia perdurable que sea su materia de operación. Su transmutación es, precisamente, lo contrario; es la conversión de una cosa en otra distinta.     Rivadavia, Alberdi y Sarmiento, los tres ases de la mentalidad política argentina, maestros de cien discípulos que fueron caudillos y go…

Jardín Cerrado
LEÓN BLOY (1846 - 1917)

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Jesús salió de María como Adán del paraíso terrenal, para obedecer y para sufrir. María está figurada, pues, por el jardín de delicias «plantado por Dios desde el principio...». El segundo capítulo del Génesis es absolutamente incomprensible si no pensamos en María, y, aunque es cierto que todo es incomprensible sin ella, ¡cuánto más esto!     Este jardín cerrado desde la Desobediencia, hortus conclusus, para tribulación o desesperación de una multitud de millares de seres, era el término de las «generaciones del cielo y de la tierra», según la expresión enormemente misteriosa del Libro santo.     Era un maravilloso jardín donde no llovía nunca. Una fuente subía de la tierra para regarlo y un río, anterior a todas las geografías, salía de aquel paraíso para dar luego en cuatro grandes ríos cuyos nombres significan o parecen significar: Prudencia, Templanza, Agilidad del Espíritu, Fecundidad –según dicen los intérpretes más sabios. Es preciso creer que esos cuatro nombres envuelve…

La vuelta de la bandera
JOSÉ MARÍA PEMÁN (1897-1981)

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Se cumple hoy un nuevo aniversario del glorioso «Alzamiento» que dio origen a la última Cruzada. Publicamos entonces este magnífico discurso radiofónico pronunciado por Pemán en Sevilla, a los pocos días de dicha gesta.   
Sevillanos; españoles todos que me escucháis: Ante todo agradezco en el alma al glorioso general Queipo de Llano la honra que me concede cediéndome este micrófono, por el que quisiera, si fuera posible la paradoja, describir algo del indescriptible día de hoy. Pasó, al fin, la dura cuaresma de la Patria. Hoy se ha rasgado el velo morado que habían echado sobre su semblante auténtico. ¡Hoy es la Pascua florida de la resurrección de España! Porque hoy has llegado tú, vieja bandera nuestra. Has llegado con exactitud de enfermera, a la hora del dolor y del consuelo; con puntualidad de novia, a la hora en que nuestra impaciencia no admitía ya más espera. Cuando tenías que llegar: ni antes ni después. Ni antes, que hubiera sido sacrilegio traerte a presidir la ignominia de Es…

«Ricardo Güiraldes»
IGNACIO BRAULIO ANZOÁTEGUI (1905-1978)

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Ricardo Güiraldes tenía el nombre gaucho como él solo. Nombre de estanciero con estancia grande en la mitad de la pampa, abandonada y quieta. Nombre anudado de años, en la silenciosa paciencia del descampado. Nombre para decirlo en el guitarreo largo de los anochecidos, como si fuera el santo y seña de la pampa. Ricardo Güiraldes supo llevar su nombre igual que una esperanza, al tranquito, y acariciándole el cuello, en dirección a la fama. Y la noche del campo se le venía encima como una purificación. Él conoció la gloria de que la pampa misma le llamara por su nombre entero, en las tardes tranquilas y silenciosas. Y se sintió nombrar en las roldanas madrugadoras de los claros aljibes embaldosados de cielo y de mañana. Como nadie, él recorrió la pampa de punta a punta, al galope tendido, con su constancia larga. Él se sabía todas las mañas del pampero que se viene caracoleando desde lejos. Y que en los árboles de la estancia se infla fuerte, como azotando sábanas mojadas entre árbol …

La debilidad de la violencia
JUAN FRANCISCO GUEVARA (1922-2009)

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La década que comienza en 1853 dio a nuestro país la primera Constitución pero también nos brindó matanzas, fraudes, la separación egoísta y lamentable de Buenos Aires, el derrocamiento del segundo presidente constitucional, Derqui, propiciado por Mitre y consentido por Urquiza y la serie larga de iniquidades sin cuento, silenciadas por la historia oficial, que hicieron tabla rasa con toda oposición a los hombres de Buenos Aires para imponer éstos su propósitos e ideas sobre el interior.    Derrotado en forma absoluta uno de los bandos, pudo el otro dedicarse a la tarea de dar a nuestro país un ordenamiento jurídico determinado, una cierta estructura política y propender al progreso material acorde con nuestras enormes posibilidades naturales.    La llamada generación del ’80, una de cuyas figuras principales es el teniente general Julio Argentino Roca, concreta esta labor ordenadora, trabajando sobre un pueblo cansado por casi tres cuartos de siglo de luchas y dolores terribles,…

Guardia de Hierro (fragmentos)
CORNELIU ZELEA CODREANU (1899-1938)

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Ayer como hoy, la misma plaga que perdura; la sorprendente similitud con la Argentina de hoy no debería llamar la atención... «nada nuevo bajo el sol».

[...] La plaga de los políticos infecta nuestra vida nacional. La organización de nuestra juventud, además de ser necesaria para la autoeducación, lo es también para defenderla y aislarla de la plaga de los políticos y de su infección. La extensión de ésta entre la juventud rumana significa nuestra corrupción y la total victoria de Israel. Mas también esta organización de la obra de los políticos, no recibiendo nuevos elementos jóvenes, está condenada a muerte por inanición. Por falta de contenido. Es preciso entonces que la consigna de toda la juventud sea: ningún joven volverá a pisar la puerta de un partido político. Quien entre en él será un traidor a su generación y a su Patria. Porque con su presencia, con su nombre, con su dinero, con su trabajo contribuye a la elevación de la potencia de los políticos. Un joven que tal hiciera es…

«Louis Veuillot» (fragmento)
JUAN P. RAMOS (1878-1958)

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A principios de 1848 vive en París un periodista que tiene ya dos hijas y espera el nacimiento de un varón. Se lo participa así a un amigo: «el próximo mes tenemos que preparar una tercera cuna. Ruegue usted a Dios que ponga un varón en ella, y sobre todo que le conceda la más alta de las vocaciones humanas. Que sea un sacerdote, y si es posible un religioso, y si es posible un misionero, y si es posible un mártir. Dios hará de él lo que quiera, y cuanto haga estará bien, pero nuestro primer varón ya le está ofrecido y consagrado en nuestros corazones, pues lo dedicamos a la cruz que salvó al mundo. Se llamará Pedro, para que crea, para que ame, para que su alma quede preservada de toda ponzoña herética». En vez de un varón nació una tercera niña, y luego una cuarta y una quinta, aunque los padres seguían rogando por el nacimiento de Pedro. Cuatro años después, en julio de 1852, pierde la menor de las hijas, y en diciembre a la esposa, que acaba de darle una más. En mayo de 1855 muer…