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«San José» - Ernest Hello (1828-1885)

«...José, hijo de Jacob, es su imagen más expresiva. Este primer José fue en Egipto el guardador del pan natural. El segundo José fue en Egipto el guardador del pan sobrenatural». ¡San José! ¡la sombra del Padre! ¡aquel sobre quien la sombra del Padre se proyectaba densa y profunda! ¡San José! ¡el hombre del silencio! ¡aquel a quien la palabra apenas toca! El Evangelio no dice de él más que esto: «Era un hombre justo»; el Evangelio, tan sobrio siempre en palabras, es más sobrio aún que de costumbre al hablar de San José. Diríase que este hombre, envuelto en el silencio, inspira silencio. El silencio de San José produce el silencio alrededor de San José. El silencio es su alabanza, su genio, su atmósfera. Donde él está, el silencio reina. Dicen algunos viajeros que cuando el águila se cierne, el peregrino sediento adivina una fuente en el lugar del desierto donde la sombra del águila se proyecta. El peregrino escarba la tierra en aquel lugar, y el agua brota. El águila lo había dicho en...

«Rosas y sus adversarios (fragmento)» - Roberto de Laferrère (1900 -1963)

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Ante un nuevo aniversario de la muerte del Restaurador de las Leyes (14 de marzo de 1877), publicamos este fragmento (cap.1) del magnífico ensayo de Laferr è re  «El Nacionalismo de Rosas», contundente y clarificadora respuesta a una nota del Dr. Jorge Lavalle Cobo, publicada en el diario «La Nación», en enero de 1939. Los lectores interesados, podrán descargar al pie de esta publicación, la obra completa de Laferr è re, en la cual se incluye el texto de la nota de Lavalle Cobo [1] .  [ ...] Los unitarios El nacionalismo de Rosas se define, ante todo, por su oposición a los unitarios, quienes desde 1812, con Rivadavia frente a Artigas, hasta después de Caseros, estuvieron siempre al servicio, más o menos deliberado, de aquel plan de dominación extraña. Al juzgar la conducta de sus jefes de las logias secretas, cabe pensar, en su excusa, que les faltaba el sentimiento de la nacionalidad. No lo traicionaron, porque no lo tuvieron. Para los más caracterizados entre ellos, ser a...

«Los Cursos de Cultura Católica y nosotros» - Ignacio Braulio Anzoátegui (1905-1978)

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«...Tales fueron las lecciones que aprendimos en los Cursos. Tal fue la vida que nos develaron. Tal la enseñanza deslumbrante que compromete para siempre nuestra gratitud».   Yo, su más humilde y malaprovechado discípulo, dedico este recuerdo a Tomás D. Casares, amigo, compañero y maestro de todas las horas. Nacieron los Cursos de Cultura Católica de la decisión de una minoría de hombres inmunes a la heredosífilis liberal que venía regenteando al país después de lo de Caseros (donde la patria se recalcó un pie). Era por entonces el cultianalfabetismo dueño casi absoluto de la verdad y de la historia: de la verdad gambeteadora y prepotente y de la historia para párvulos a la que jineteaba orondamente tocado de poncho y galera. La chivatería masónica dictaba cátedra y las quitaba. So color de los colores azul y blanco –infaltables delantales de las tribunas de pino improvisado– arengaba a un rebaño, al que, de paso, había negado el derecho de prosternarse ante el Pastor. Y la i...

«Decíamos ayer...» - (Octavo Aniversario y Volumen V-Año 2022)

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Este 1° de marzo, «Decíamos ayer...» cumple ocho años ininterrumpidos desde su primera publicación. Vaya, pues, nuestro agradecimiento a todos nuestros lectores por el apoyo y el aliento que siempre han brindado desde aquella fecha inicial y, a algunos de ellos, por los buenos consejos y sugerencias que han sabido proporcionarnos para la mejor continuidad del blog. Y, nuevamente, como lo hemos hecho en aniversarios anteriores, un especial reconocimiento tanto a nuestros amigos del blog «Voz Católica», que permanentemente reproducen nuestras ediciones, y al amigo Pacopepe Fernández de la Cigoña, quien también ha sabido replicar asidua y generosamente en su valiosísimo blog «La Cigüeña de la Torre» muchos de los artículos y notas aquí publicados. Por todo ello es que ofrecemos hoy, a quienes pueda interesar, un archivo con la colección completa de las distintas notas publicadas durante el quinto año de existencia del blog  (Volumen V - Año 2022) , el cual...

«In memoriam» (de Aníbal D'Angelo Rodríguez) - Ricardo S. Curutchet (1946-2025)

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Dos aniversarios para conmemorar en estos días: los 11 años de la muerte de nuestro querido Aníbal D’Angelo (+21/2/2015), y 1 año de la de nuestro entrañable amigo Ricardo S. Curutchet (+24/2/2025). Vaya, pues, con nuestro afectuoso recuerdo para ambos, esta magnífica semblanza hecha por el segundo de ellos ante la muerte del primero.   El día 21 de febrero de 2015, en Bella Vista, en su casa y en su cama, falleció don Aníbal Domingo D’Angelo Rodríguez, uno de los hombres más lúcidos de nuestro tiempo, aunque haya sido ignorado casi por completo, tanto en su tierra como en el mundo, especialmente en el mundo occidental y cristiano, cuya historia y secretos comprendió como pocos en los últimos cincuenta años. Había nacido en Buenos Aires el 15 de junio de 1927, hijo de don Aníbal D’Angelo Rodríguez, médico notable y director del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires; y de doña Magda Ivanissevich, mujer excepcional que murió en Salta, más que centenaria, rica en ...

«Los Caballeros de Cristo» - Santiago de Estrada (1908-1985)

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«...si jamás pudo lograrse en la historia el arquetipo de guerrero soñado por Platón, ha sido posible, en cambio, la existencia real y física del guerrero de Cristo, guardián celoso de la Cristiandad». Platón asigna a la clase de los guerreros la noble función de custodiar la paz y el orden. Para que tarea semejante sea desempeñada con desinterés y, sobre todo, con ánimo esforzado, empieza por exigir que ninguno de ellos posea bienes, salvo los indispensables para cumplir con sus deberes. Tampoco admite que vivan en propiedades particulares, ni de sus propios graneros, pues han de vivir como cuadra a guerreros sobrios y valerosos: en cobertizos comunes, con el sustento imprescindible para que el cuerpo no desfallezca en medio de las fatigas y trabajos que están llamados a experimentar. Quiere también que tengan conciencia cabal de la dignidad que revisten, de la misión divina a que han sido llamados, y, así, no han de entregarse a lujos ni a liviandades, ni han de apetecer tierras, cas...