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«Sermón por el Santo P. Pío» - Mons. Adolfo S. Tortolo (1911-1986)

En una nueva conmemoración de ese gran santo que fue el P. Pío de Pietrelcina, vaya este admirable sermón predicado el 11 de octubre de 1968, en la Misa celebrada en la iglesia de Ntra. Señora de la Merced, de Buenos Aires. Adjuntamos también el audio que el lector podrá descargar AQUÍ para escuchar la prédica en cuestión. En el Nombre del Padre del Hijo del Espíritu Santo, amén Cuando el Evangelista San Juan, quiere introducirnos a nosotros en el misterio de la muerte de Jesucristo, dice estas palabras verdaderamente sublimes: Habiendo llegado la hora de salir de este mundo para llegar al Padre ; de esta manera el Evangelista se introduce en el misterio de la muerte de Jesucristo. Durante su vida pública, cuántas veces Jesús había hablado de su muerte, y la llamaba con esta frase, Mi hora;  era por antonomasia la hora sublime, la hora ansiada por Dios. Estamos nosotros aquí junto al altar de Dios, recordando también una muerte que nos es entrañablemente querida, y entonces, q

«Misioneros y misioneras “de deseo”» - P. Segundo Llorente S.J. (1906-1989)

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Una monja de Vizcaya me pregunta por carta si comparto su opinión de que para ser una misionera no es menester cruzar los mares e internarse en el frente misional para romper allí lanzas por Cristo. Si mi respuesta fuese afirmativa, me ruega que la dé larga y en forma de artículo para convencer a las que piensan lo contrario. Mi respuesta es efectivamente afirmativa. Para ser una misionera, no tiene que venir a lo que llamamos frente misional donde la mayoría no conoce a Jesucristo. ¿Cómo predicarán si no son enviados? Con el auge que afortunadamente va tomando cada día la idea misional, h ay un sin fin de almas buenas en la cristiandad que desean ardientemente ser misioneras, pero que no pueden venir, y se afligen lamentando lo que llaman su mala estrella que les impide la realización de sus ardorosos deseos. En el capítulo 10 de la epístola a los romanos leen esas almas los siguientes versículos: «Todo el que invoque el nombre del Señor, se salvará. Pero ¿cómo van a invocar a Aqu

«La muerte de la Reina Isabel» (fragmento) - William Thomas Walsh (1891-1949)

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[...] C uando el tiempo lo permitió, fue llevada a Medina del Campo, donde flotaban tantos alegres recuerdos de su niñez, y allí se preparó para morir. Las gentes decían que alguna desgracia iba a caer sobre Castilla. El Jueves Santo fueron llevados a palacio doce pordioseros de la calle, y el rey Fernando, siguiendo el ejemplo de nuestro Señor, se arrodilló humildemente delante de aquellos harapientos despojos de la humanidad y lavó sus pies, como tenían por costumbre hacerlo los reyes de España. Al día siguiente, Viernes Santo, el rey y la reina ayunaron y rezaron con su acostumbrado rigor; y ese día ocurrió un acontecimiento que sobrecogió de terror a todos los corazones. Un violento temblor de tierra acompañado por un fuerte y peculiar ruido en el aire, se hizo sentir en Andalucía y parte de Castilla. Ese verano, el rey y la reina padecieron las fiebres que infestaban la región. Fernando sanó; pero Isabel, más preocupada por él que por ella misma, manifestó síntomas de hidropes

«Sobre Cataluña» - José Antonio Primo de Rivera (1903-1936)

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(Discurso pronunciado en el Parlamento  el 4 de enero de 1934). El señor PRIMO DE RIVERA: Este diputado, que no pertenece a ninguna minoría, se cree, por lo mismo, con voz más libre para recabar para sí, y se atrevería a pensar que para todos, esta fiducia: la de cuando nosotros empleamos el nombre de España, y conste que yo no me he unido a ningún grito, hay algo dentro de nosotros que se mueve muy por encima del deseo de agraviar a un régimen y muy por encima del deseo de agraviar a una tierra tan noble, tan grande, tan ilustre y tan querida como la tierra de Cataluña. Yo quisiera que el señor presidente y quisiera que la Cámara separase, si es que admite que alguien faltó a eso, a los que, cuando pasamos por esa coyuntura, pensamos como siempre, sin reservas mentales, en España y nada más que en España; porque España es más que una forma constitucional; porque España es más que una circunstancia histórica; porque España no puede ser nunca nada que se oponga al conjunto de sus tier

«¿Qué es el hombre?» - Odo Casel O.S.B. (1886-1948)

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Se habla mucho hoy día del verdadero «concepto de hombre», o, mejor, se anda a la búsqueda del auténtico concepto de hombre. Quid est homo? «¿Qué es el hombre» (Salmo 8, 5) , el verdadero hombre? ¿Cómo ha de configurarse, para ser del todo lo que desea ser y lo que debe ser? Pero, y ¿qué es eso que quiere y debe ser? Él mismo no lo sabe. Por eso el buscador está dando vueltas en redondo. Le gustaría conocer el verdadero concepto de hombre, le gustaría proponérselo como modelo para conformarse a él; le gustaría realizarlo en sí mismo, llevándolo a su perfección. Pero ignora por completo dónde se encuentra el arquetipo del hombre. ¿Cómo va a poder conformarse a él? Y, sin embargo, está constantemente «modelándose» a sí mismo, como un escultor que cincelara una estatua sin tener claramente en la cabeza el arquetipo de su obra. Parece como si lo que pretendiera con su trabajo fuera, antes que nada, encontrar el modelo. ¿Qué es lo que puede salir de un esfuerzo así? Un artista que procedi

«Conversión de Agustín» - San John Henry Newman (1801-1890)

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Quizás pregunte un lector: ¿cuál fue la historia de ese Padre célebre cuyos últimos días fueron objeto de mi anterior capítulo? ¿Qué vida tuvo, cómo fueron sus primeros años, y sus trabajos? Seguramente no fue un hombre común quien tuvo un fin tan impresionante en todos sus aspectos. Podemos responder en pocas palabras que Agustín era hijo de una piadosa madre quien, durante muchos años, sufrió al verlo errante entre la duda y la incredulidad, que oró incesantemente por su conversión, y que al fin tuvo la alegría de presenciarla. Desde su primera juventud él se había entregado a un género de vida incompatible con el estado de catecúmeno al que fuera admitido en su infancia. Es difícil saber hasta dónde se dejó llevar por sus excesos: al hablar de sí mismo hace uso de un lenguaje que podría tener el peor de los significados, o que bien podría ser la expresión de un hondo arrepentimiento y sensibilidad espiritual. A los veinte años abrazó la herejía maniquea, en la que prosiguió durante

«Moral y psicología» - Gustave Thibon (1903-2001)

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Otro hecho entre mil. Una mujer, que engañaba a su marido desde hacía largo tiempo, acaba de dejar el hogar conyugal abandonando además a sus dos hijos. Hablo de este lamentable acontecimiento con un joven universitario, completamente impregnado de psicoanálisis, quien me hace el siguiente comentario: «Comprendo muy bien a esa mujer; no existía ningún entendimiento sexual entre ella y su esposo y, al abandonarle, no ha hecho más que obedecer a su verdadera naturaleza. Usted la condena en nombre de la moral, pero, psicológicamente, ella tenía razón». Este trivial incidente me lleva a meditar sobre el actual divorcio entre la psicología y la moral. La moral es, por esencia, normativa : nos propone un sistema y una jerarquía de valores y nos impone unas reglas de conducta con vistas a realizar esos valores, es decir, para asegurar el máximo de armonía individual y social. Proscribe, por ejemplo, el robo, el asesinato, la anarquía sexual, etc., como contrarias a la dignidad del ser hum

«El Libertador (Meditación ante la tumba del general San Martín)» - Francisco Luis Bernárdez (1900-1978)

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Despierto está sobre nosotros, como una estrella protectora en nuestro cielo. En el hogar que nos reúne, su nombre augusto es como el pan y como el fuego. No hay argentino que no sienta dentro del alma la virtud de su recuerdo. Y que no escuche en lo más hondo del corazón la voz profunda de su sueño. Hasta en la muerte es de sus hijos, hasta en la muerte silenciosa es de su pueblo. Hasta en la muerte se derrama sobre la vida y el honor de nuestro suelo. Mientras vivió, vivió de darse, como el misterio de la música en el tiempo. Como la fuente, como el río, como la luz, como la llama, como el viento. El alma inmensa de aquel hombre sólo cabía sin dolor en un ejército. Para vivir en este mundo, su corazón necesitó miles de cuerpos. Aquel ejército era el eco de su emoción, pues era carne de su carne.            Su corazón le daba forma; sus venas vivas de pasión le daban cauce.          Su voz vibraba en los clarines y sostenía las banderas en el aire.