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«Apología del “Contemptus mundi”» - Federico Mihura Seeber (1939-2024)

«Apreciamos los cristianos el buen vino y la buena comida, apreciamos los hombres cristianos a las mujeres, y las mujeres a los hombres, apreciamos la ciencia y el saber, apreciamos la belleza de las cosas bellas. Gustamos y gozamos de todo ello...». ¡Qué equivocados están los que nos acusan, con Renán, de «aguafiestas» a los cristianos! ¿Que no apreciamos los bienes de este mundo? Sí que los apreciamos; y más que los otros [1] . Apreciamos los cristianos el buen vino y la buena comida, apreciamos los hombres cristianos a las mujeres, y las mujeres a los hombres, apreciamos la ciencia y el saber, apreciamos la belleza de las cosas bellas. Gustamos y gozamos de todo ello. Y mucho; mucho más que los otros. Apreciamos y gustamos enormemente de cada uno de los bienes mencionados, que son bienes de Dios. Sólo nos diferencia una cosa, o dos cosas: que en el fondo no son sino una. Una de las dos: que gozamos de todo ello dentro de la ley que el Creador de esas cosas nos ha puesto para go...

«La Tradición y la Revolución» - José Antonio Primo de Rivera (1903-1936)

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«...He aquí la tarea de nuestro tiempo: devolver a los hombres los sabores antiguos de la norma y del pan. Hacerles ver que la norma es mejor que el desenfreno...». Que asistimos al final de una época es cosa que ya casi nadie, como no sea por miras interesadas, se atreve a negar. Ha sido una época, ésta que ahora agoniza, corta y brillante; su nacimiento se puede señalar en la tercera década del siglo XVIII; su motor interno acaso se expresa con una palabra: el optimismo. El siglo XIX –desarrollado bajo las sombras tutelares de Smith y Rousseau– creyó, en efecto, que dejando las cosas a sí mismas producirían los resultados mejores, en lo económico y en lo político. Se esperaba que el libre cambio, la entrega de la economía a su espontaneidad, determinaría un bienestar indefinidamente creciente. Y se suponía que el liberalismo político, esto es, la derogación de toda norma que no fuere aceptada por el libre consenso de los más, acarrearía insospechadas venturas. Al principio los hech...

«Don Segundo Sombra y el ejercicio ilegal de la Crítica» - Leopoldo Marechal (1900-1970)

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«…Es que Güiraldes ha visto “en poeta” ese fragmento de la Creación, y como lo ha visto en poeta lo nombra en poesía…» . En el año del centenario de «Don Segundo Sombra», vaya este excelente comentario a la gran obra de Ricardo Güiraldes. Estimado amigo: Refiriéndose a las dos o tres ideas elementales que sobre la legalidad de la crítica recordé no hace mucho en La Nación me trae usted el ejemplo del Don Segundo Sombra de Güiraldes y el de cierta crítica hostil que ha venido pesando sobre la obra desde su aparición. Observa, y con acierto, que dicha crítica se hace generalmente desde algunos sectores intelectuales caracterizados por su adhesión a ciertas doctrinas sociológicas, o que proviene de críticos independientes, pero cuya inclinación a la materia social es harto conocida; y termina usted por acusar a unos y otros de ejercer ilegalmente la crítica literaria, acusación oportuna que suscribo con gusto. En efecto, los críticos «socializantes» no miran con buenos ojos a Don Se...

«La extraña muerte de Fray Pedro» - Rubén Darío (1867-1916)

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«Fray Pedro de la Pasión era un espíritu perturbado por el maligno espíritu que infunde el ansia de saber... el ansia de saber le azuzaba el espíritu, le lanzaba a la averiguación de secretos de la naturaleza y de la vida...» Visitando el convento de una ciudad española, no ha mucho tiempo, el amable religioso que nos servía de cicerone, al pasar por el cementerio, me señaló una lápida en que leí, únicamente: Hic iacet frater Petrus. –Éste –me dijo– fue uno de los vencidos por el diablo. –Por el viejo diablo que ya chochea –le dije. –No –me contestó–. Por el demonio moderno que se escuda con la Ciencia. Y me narró el sucedido. Fray Pedro de la Pasión era un espíritu perturbado por el maligno espíritu que infunde el ansia de saber. Flaco, anguloso, nervioso, pálido, dividía sus horas conventuales entre la oración, las disciplinas y el laboratorio que le era permitido, por los bienes que atraía a la comunidad. Había estudiado, desde muy joven, las ciencias ocultas. Nombraba, co...

«Lecciones de Historia Rioplatense» (fragmento) - Federico Ibarguren (1907 -2000)

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En un nuevo aniversario de la gran gesta de la Reconquista y Defensa de la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, en 1806 y 1807, vaya nuestro homenaje a todos los defensores que supieron rechazar con gran coraje y valentía al hereje invasor.   Las invasiones inglesas Miranda tiene una importancia grande en nuestra historia, como acaba de verse [1] . Encarna una de las corrientes más activas que interfiere en la revolución de Mayo: la que pacta con el extranjero –siguiendo precedentes borbónicos– recogida sin saberlo por los «morenistas», los «alvearistas» y, más tarde, los «unitarios» de las luchas civiles argentinas. Pero hubo también patriotas que buscaron la emancipación alegando razones intransigentes, heredadas de la España Contrarreformista. Son los soldados que actuaron en nuestras guerras contra los portugueses y en la Reconquista y Defensa de Buenos Aires, durante los años de 1806 y 1807. Los patricios de Cornelio Saavedra en 1810. La...

«La Iglesia en la ‘Leyenda Negra’ hispano-americana» - Rómulo D. Carbia (1885-1944)

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«…La  “Leyenda negra hispano-americana” , pues, fue, cuando menos, un combinado ataque contra España y contra la Iglesia, y, quizá, en algún momento, más contra la Iglesia que contra España…» Desde hace aproximadamente una doble decena de años, he venido acumulando materiales para abordar, con la severidad de exigencia, el estudio del origen, difusión y verdadero punto de mira de la leyenda negra hispano-americana. Todo hombre culto la conoce. Es aquella conseja según la cual cuanto Castilla realizó en el Nuevo Mundo se redujo a una diabólica hazaña de pillería, en la que lo burdo atroz rimó al unísono con lo más refinadamente inicuo. Lo que no todos saben, sin embargo, es que quienes explotaron la fábula buscaban a la Iglesia por encima de España, y que, en el supuesto más favorable para ellos, aparecen siempre fusionando en un mismo desamor –el que tenían al monarca católico y el que profesaban a la catolicidad de éste– la razón que acicateaba los ataques. Poco efecto tuvo, a t...