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«La campaña de Martín Güemes» (fragmento) - Vicente D. Sierra (1893-1982)

En el bicentenario de la muerte de don Martín Miguel de Güemes... La leyenda ha hecho de Martín Güemes un gaucho improvisado guerrillero. Mucho ha contribuido a ello el general Paz con sus memorias, en las que lo llama «simple comandante de milicias» , dotado con el don de la «elocuencia de los fogones y vivaques» . Bien es cierto que José María Paz nunca comprendió a los caudillos populares, y menos al propio pueblo. A lo que se debe que sus grandes dotes militares y su indiscutible hombría de bien se perdieran en intentos antipopulares y, algunas veces, antinacionales, no por premeditación, sino por incomprensión. Martín Miguel Juan de Mata de Güemes, hijo de quien fuera comisario de guerra y ministro general de la Real Hacienda de la provincia de Salta, y de una hija del general Martín Miguel de Goyenechea, nacida en Jujuy, fue militar de carrera, la que abrazó a los catorce años sentando plaza de cadete en la compañía del regimiento fijo de Buenos Aires, destacada en Salta, el

«Lo sobrenatural y lo antinatural» - Gustave Thibon (1903-2001)

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        Los hombres de mi generación se acuerdan del clima de angelismo y puritanismo que reinaba a principios de siglo en los medios católicos. Se olfateaba no sé qué mal olor de pecado en todo lo referente a las cosas carnales y materiales y parecía que el medio más seguro de agradar a Dios era desviarse de la naturaleza. Tal «morosidad» de la religión ha contribuido en gran parte a minar su influencia sobre los espíritus y es igualmente, una de la causas del retraso demasiado largo de los hombres de Iglesia en ocuparse de los problemas morales y sociales planteados por el brusco paso de una economía de penuria a una economía de abundancia. Hoy predomina el abuso contrario: la naturaleza no sólo ha sido rehabilitada, sino exaltada hasta la apoteosis, y las viejas nociones de pecado, de penitencia y de sacrifico son sustituidas por las de dilatación, apertura, expansión, etc. Incluso se encuentran teólogos que, interpretando el Evangelio a través de Freud o Marx, se atreven a decirn

«La Iglesia» (fragmento) - Godofredo Kurth (1847-1916)

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  [...] La Iglesia cristiana soportó el peso de la enemistad romana sin cejar; no había buscado la guerra, pero la aceptó tranquilamente como condición de su existencia. Fiel a sí misma y a su Dios, continuó respetando el poder establecido, aunque negándose siempre a rendirle culto divino, y, por lo demás, vio correr su sangre gozosamente. Durante tres siglos fue el espectáculo de los hombres... y de los ángeles; triunfaba con sus derrotas; sus heridas la fortalecían, su muerte la resucitaba. La sociedad imperial la contemplaba con la admiración ingenua que siente el vicio ante el brillo del heroísmo, y se sentía vencida por sus víctimas y humillada por sus castigos. A aquellos locos criminales que soñaban con destruir la felicidad romana y sustituirla con un ideal imposible y absurdo, nadie podía negarles la energía indomable de sus convicciones y el valor admirable con que sabían defenderlas. Su actitud ante los jueces tenía algo de magnífico y de sobrehumano; jamás se habían oíd

«Revolución de Mayo» - Santiago de Estrada (1908-1985)

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El Papa encargó a los Reyes Católicos la conquista de América porque así convenía a la salud espiritual de sus habitantes y de toda la Cristiandad. Carlos V y los Habsburgo desempeñaron correctamente su misión. Los Borbones, inspirados en la monarquía francesa del siglo XVII, olvidaron su carácter de simples delegados para arrogarse facultades que no tenían; el mal ejemplo cundió entre los súbditos, y cada peninsular pretendió erigirse en amo de América como claramente los expresó el Obispo en 1810. La vista de las riquezas del suelo americano hizo olvidar también a España que su noble misión era extender el Reino de Cristo en la tierra; Alejandro VI no se propuso, por cierto, satisfacer la insaciable sed de oro de los comerciantes peninsulares. Sin embargo, América vino a convertirse en un vasto mercado colonial del cual los españoles eran los únicos amos, compradores y capitalistas; toda la economía fue paulatinamente orientándose en su provecho. El bien común, cuya prosecución es

«El culto del fundador - La Leyenda de Eneas» - Numa Dionisio Fustel de Coulanges (1830-1889)

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    El fundador era el hombre que consumaba el acto religioso, sin cuya celebración era imposible que existiese la ciudad. Él era quien colocaba el hogar en que debía arder eternamente el fuego sagrado; él era quien, mediante sus oraciones y sus ritos, invocaba a los dioses y los asociaba por siempre a la nueva ciudad.      Fácilmente se concibe el gran respeto que debía tributarse a este hombre sagrado. Vivo, los hombres veían en él al autor del culto y al padre de la ciudad; muerto, se convertía en un antepasado común para las generaciones sucesivas: era para la ciudad lo que el primer antepasado para la familia, un Lar familiar. Su memoria se perpetuaba como el fuego del hogar que él había encendido. Se le rendía culto, era considerado como un dios, y la ciudad le adoraba como su Providencia. Sacrificios y fiestas se renovaban cada año sobre su tumba [1] .       Es sabido que Rómulo fue adorado, que tenía un templo y sus sacerdotes. Los senadores pudieron degollarlo, pero no privarl

«Sexo y Propiedad» - Gilbert K. Chesterton (1874-1936)

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En el aburrido, polvoriento, anticuado, rígido y torpe lenguaje al que la mayoría de las discusiones modernas se limita, es necesario decir que existe en este momento la misma falacia de moda acerca del sexo y de la propiedad. Hablando en el lenguaje más antiguo y más libre, en el que los hombres podían a la vez hablar y cantar, es más acertado decir que el mismo espíritu del mal ha maldecido las dos grandes fuerzas que hacían la poesía de la vida, el amor a la mujer y el amor a la tierra. Es importante observar, para empezar, que esas dos cosas estaban estrechamente relacionadas mientras la humanidad fue humana, aunque fuera pagana. Más aún, todavía estaban estrechamente relacionadas incluso cuando el paganismo era decadente. Pero el hedor del paganismo decadente no era tan malo como el hedor de la cristiandad decadente. La corrupción de los mejores... Por ejemplo, a lo largo de toda la antigüedad, tanto en su etapa primitiva como en la última, existieron formas de idolatría e imáge

«Sobre Esquiú, Más y lo Mismo» - P. Leonardo Castellani (1899/1981)

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Nuestro colaborador el Cura Niño, responde hoy a Fray Antonio de Santa Clara, edición de ayer. Sr. D. J. M. F. U. – Estimado Director: La publicación del artículo (o lo que sea) titulado «¡Irresponsable!» y firmado con el nombre (que ojalá sea un seudónimo) de Fray Antonio de Santa Clara, Franciscano, Córdoba, es de lamentar; pero si en realidad se trata de una petición con carácter de exigencia, ¿qué le vamos a hacer? Penitencia. Pero nadie me hará creer a mí que sea un franciscano de verdad. Me servirá para repetir lo dicho en mi ensayo del 8-X-46 en forma más clara, ya que por lo visto hay una persona por lo menos, a quien no me he dado bien a entender. Ando escaso de temas: me servirá esto de tema para otro artículo, cuyo estilo no será como «un armónico coro de exultantes voces», ni tan esplendoroso como «el sol que arroja su refulgente lumbre desde el Oriente», después de haber bañado un Continente, exclamando a su paso: ¡Libertad!; pero al menos será claro, exacto y tranqu

«Doctrina del Liberalismo sobre la Libertad» - S. S. León XIII (1810-1903)

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[…]      11. Si los que a cada paso hablan de la libertad entendieran por tal la libertad buena y legítima que acabamos de describir, nadie osaría acusar a la Iglesia, con el injusto reproche que le hacen, de ser enemiga de la libertad de los individuos y de la libertad del Estado. Pero son ya muchos los que, imitando a Lucifer, del cual es aquella criminal expresión: No serviré [1] , entienden por libertad lo que es una pura y absurda licencia. Tales son los partidarios de ese sistema tan extendido y poderoso, y que, tomando el nombre de la misma libertad, se llaman a sí mismos liberales . Liberalismo de primer grado     12. El naturalismo o racionalismo en la filosofía coincide con el liberalismo en la moral y en la política, pues los seguidores del liberalismo aplican a la moral y a la práctica de la vida los mismos principios que establecen los defensores del naturalismo . Ahora bien: el principio fundamental de todo el racionalismo es la soberanía de la razón humana,

«Humildad y Soberbia» - Josef Pieper (1904-1997)

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Humildad como forma fundamental de la templanza            Una de las cosas en que el hombre, por instinto natural,  procura hallar el logro de sí mismo es la tendencia a sobresalir, el demostrar superioridad, categoría y preeminencia [1] . La virtud de la templanza, en cuanto aplicada a ese instinto para someterlo a los dictados de la razón, se llama humildad. Esta consiste en que el hombre se tenga por lo que realmente es [2] . Con esto está ya dicho lo fundamental sobre esta virtud. Por eso resulta difícil entender el que se haya discutido tanto sobre ella. Claro que hay que tener en cuenta los esfuerzos del diablo para destruir en las almas la fisonomía delicada de esta virtud, tan esencial para la perfección cristiana. Pero si prescindimos de esto, hay que admitir un oscurecimiento del concepto de humildad en la conciencia cristiana, para explicarnos tanta discusión sobre su verdadero alcance y contenido. En todo el tratado de Santo Tomás sobre la humildad y la soberbia no s