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«Las flechas de Isabel y Fernando» - Matías Montero (1913-1934)

Hoy como ayer, la España invertebrada...   Matías Montero y Rodríguez de Trujillo [1] nos dejó con el legado señero de su sangre generosa esta página clara, escrita pocos días antes de morir. Él se había ya dado por entero a la Patria y a la Falange, con nobleza, con inteligencia, con alegría. Su preclaro ejemplar en los estudios como alumno de Medicina se adornaba con un gusto certero por las letras. Una España fuerte y armoniosa de arquitecturas bajo la luz solar, era su vivo sueño para después de la victoria. Muere antes de que nuestro sol alcance su zenit. Muere en el umbral de una España mayor como aquel Doncel de Sigüenza, don Martín Vázquez de Arce, hombre de letras y de armas que murió a la vista de Granada. Ante la figura pensativa de nuestro hermano muerto, que nos mira a través de esta página, todos vamos desfilando en silencio hacia el irrenunciable triunfo del mañana. Al pasar ante él, en el pecho nos cantan los versos del Ariel, de Shakespeare sobre la sepultura: «Na...

«La vía dolorosa» - P. Agustín Berthe C.Ss.R. (1830-1907)

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Con la presente publicación «Decíamos ayer...» desea a sus lectores una fervorosa Semana Santa y una muy feliz y santa Pascua de Resurrección. En todas las naciones civilizadas, se deja transcurrir un tiempo más o menos largo entre la sentencia y la ejecución de los reos condenados a muerte. Los romanos concedían hasta diez días de plazo; según las leyes judaicas las ejecuciones debían tener lugar después de la caída del sol. Pero estaba visto que, tratándose de Jesús, todas las leyes de la humanidad serían violadas, a fin de que todos comprendieran que un odio satánico perseguía a la santa víctima. Apenas proferida la sentencia, Pilatos entregó a Jesús a la rabia de los príncipes de los sacerdotes quienes decidieron fuera llevado sin tardanza al lugar del suplicio. Les pareció peligroso diferir la crucifixión hasta después de las solemnidades pascuales: ¿quién sabe si aquellas turbas desenfrenadas, después de haber pedido con frenesí la muerte de Cristo, no volverían a entonar ocho ...

«El aborto, ¿sólo violación de un “Derecho Humano”?» - Federico Mihura Seeber (1939-2024)

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Ayer, 25 de marzo, fiesta de la Encarnación del Verbo, fue celebrado, en Argentina y en otros países de Hispanoamérica, el «Día del Niño por nacer». Con tal motivo, publicamos hoy este esclarecedor artículo en el cual queda bien asentado, entre otras realidades a veces ignoradas, que  «...El aborto es un crimen, el más abominable. No sólo ni principalmente porque con él se destruya la vida de un inocente indefenso, sino porque quien perpetra el crimen es la madre...». Hay mi entender, un equívoco fundamental en las posturas antiabortistas; equívoco impuesto, sin duda, por exigencias polémicas de adaptación a la «opinión», pero respecto del cual debemos estar, al menos, advertidos. La lucha contra la legalización del aborto, máximo exponente de la perversidad de nuestro tiempo, se ha centrado con exclusividad en la defensa de los «derechos humanos el no-nacido». Este alegato es obviamente legítimo, pero no apunta al motivo más importante de nuestro repudio. Porque si el aborto es,...

«San José» - Ernest Hello (1828-1885)

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«...José, hijo de Jacob, es su imagen más expresiva. Este primer José fue en Egipto el guardador del pan natural. El segundo José fue en Egipto el guardador del pan sobrenatural». ¡San José! ¡la sombra del Padre! ¡aquel sobre quien la sombra del Padre se proyectaba densa y profunda! ¡San José! ¡el hombre del silencio! ¡aquel a quien la palabra apenas toca! El Evangelio no dice de él más que esto: «Era un hombre justo»; el Evangelio, tan sobrio siempre en palabras, es más sobrio aún que de costumbre al hablar de San José. Diríase que este hombre, envuelto en el silencio, inspira silencio. El silencio de San José produce el silencio alrededor de San José. El silencio es su alabanza, su genio, su atmósfera. Donde él está, el silencio reina. Dicen algunos viajeros que cuando el águila se cierne, el peregrino sediento adivina una fuente en el lugar del desierto donde la sombra del águila se proyecta. El peregrino escarba la tierra en aquel lugar, y el agua brota. El águila lo había dicho en...

«Rosas y sus adversarios (fragmento)» - Roberto de Laferrère (1900 -1963)

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Ante un nuevo aniversario de la muerte del Restaurador de las Leyes (14 de marzo de 1877), publicamos este fragmento (cap.1) del magnífico ensayo de Laferr è re  «El Nacionalismo de Rosas», contundente y clarificadora respuesta a una nota del Dr. Jorge Lavalle Cobo, publicada en el diario «La Nación», en enero de 1939. Los lectores interesados, podrán descargar al pie de esta publicación, la obra completa de Laferr è re, en la cual se incluye el texto de la nota de Lavalle Cobo [1] .  [ ...] Los unitarios El nacionalismo de Rosas se define, ante todo, por su oposición a los unitarios, quienes desde 1812, con Rivadavia frente a Artigas, hasta después de Caseros, estuvieron siempre al servicio, más o menos deliberado, de aquel plan de dominación extraña. Al juzgar la conducta de sus jefes de las logias secretas, cabe pensar, en su excusa, que les faltaba el sentimiento de la nacionalidad. No lo traicionaron, porque no lo tuvieron. Para los más caracterizados entre ellos, ser a...

«Los Cursos de Cultura Católica y nosotros» - Ignacio Braulio Anzoátegui (1905-1978)

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«...Tales fueron las lecciones que aprendimos en los Cursos. Tal fue la vida que nos develaron. Tal la enseñanza deslumbrante que compromete para siempre nuestra gratitud».   Yo, su más humilde y malaprovechado discípulo, dedico este recuerdo a Tomás D. Casares, amigo, compañero y maestro de todas las horas. Nacieron los Cursos de Cultura Católica de la decisión de una minoría de hombres inmunes a la heredosífilis liberal que venía regenteando al país después de lo de Caseros (donde la patria se recalcó un pie). Era por entonces el cultianalfabetismo dueño casi absoluto de la verdad y de la historia: de la verdad gambeteadora y prepotente y de la historia para párvulos a la que jineteaba orondamente tocado de poncho y galera. La chivatería masónica dictaba cátedra y las quitaba. So color de los colores azul y blanco –infaltables delantales de las tribunas de pino improvisado– arengaba a un rebaño, al que, de paso, había negado el derecho de prosternarse ante el Pastor. Y la i...