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«¿Por qué tantas incomprensiones?» - P. Carlos M. Buela (1941-2023)

He aquí una esclarecedora homilía pronunciada en 1992. Bien quedan de manifiesto allí las verdaderas, profundas y ocultas causas, por las cuales son perseguidas en estos tiempos tantas congregaciones que dan un testimonio fiel del seguimiento de Cristo en la vida consagrada. Aun antes de haber comenzado –el 25 de marzo de 1984– con nuestra Congregación, ya teníamos quienes nos hacían contra, y no de cualquier manera, sino con bronca. Todos los años, y unas dos o tres veces por año, nos llegaban voces que deberían ser autorizadas. a veces de altas dignidades, asegurando que nos cerraban. Por ejemplo, (N.N.) le dijo a un sacerdote: «La única solución es tirarles una bomba», aunque aclaró que él no era partidario de esos métodos. Un Secretario de nunciatura: «Dentro de 200 años los van a aprobar». Otro dignatario: «Dentro de 400 años». Y así sucesivamente. Estimo que la más disparatada, fue aquella que decía que en mayo del año 1990 la Santa Sede cerraba todo y reducía al estado laica...

«La decadencia del liberalismo histórico y la aparición del espíritu antirreligioso» (fragmento) - Mons. Fulton J. Sheen (1895-1979)

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Mañana, 24 de septiembre, será beatificado el Venerable  Mons. Fulton Sheen. G ozosamente, pues, nos unimos a este acontecimiento con la siguiente publicación, fragmento de un libro escrito en 1948. […] La nueva época en que penetramos es lo que se podría llamar la fase religiosa de la historia humana. Con el término religiosa no queremos decir que los hombres se volverán hacia Dios, sino más bien que a la indiferencia ante lo absoluto que caracterizó a la fase liberal de la civilización le sucederá la pasión por un absoluto. Desde ahora, la lucha no se librará por las colonias y los derechos nacionales, sino por las almas de los hombres. No habrá ya espadas desenvainadas a medias, ni lealtades divididas, ni generosos golpes de novata tolerancia: ni siquiera habrá grandes herejías, porque las herejías se basan en una aceptación parcial de la verdad. Las líneas de batalla están ya diseñadas con toda claridad y los problemas básicos no inspiran dudas. Desde ahora, los hombres se divi...

«Civilización o barbarie. Un discutible dilema histórico argentino» - Rubén Calderón Bouchet (1918-2012)

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«...la civilización en contra de la barbarie ¿pero quiénes representaban a una y a otra? ¿Los caudillos que encarnaban los usos y las costumbres cristianas sembradas por España o los ideólogos formados en los principios de la ilustración?» La historia es vida y su persistencia en el presente desde el cual se la evoca es tanto más patente cuanto más vital la recepción hecha por el historiador. No obstante conviene distinguir entre la continuación de un discurso partidario y la exposición hecha por un analista capaz de descubrir el sesgo pasional de los protagonistas y ofrecer sus puestas con la vivacidad del que puede ponerse en todas o casi todas las situaciones que el complejo ámbito de la historia permite vivir. Sarmiento, en sus «Recuerdos de Provincia»,  narra la impresión que le produjo la entrada en San Juan de las tropas de Facundo Quiroga. Podríamos preguntarnos si este recurso, escrito en su madurez, refleja con exactitud la auténtica emoción sufrida por el joven Sarmiento...

«Apología del “Contemptus mundi”» - Federico Mihura Seeber (1939-2024)

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«Apreciamos los cristianos el buen vino y la buena comida, apreciamos los hombres cristianos a las mujeres, y las mujeres a los hombres, apreciamos la ciencia y el saber, apreciamos la belleza de las cosas bellas. Gustamos y gozamos de todo ello...». ¡Qué equivocados están los que nos acusan, con Renán, de «aguafiestas» a los cristianos! ¿Que no apreciamos los bienes de este mundo? Sí que los apreciamos; y más que los otros [1] . Apreciamos los cristianos el buen vino y la buena comida, apreciamos los hombres cristianos a las mujeres, y las mujeres a los hombres, apreciamos la ciencia y el saber, apreciamos la belleza de las cosas bellas. Gustamos y gozamos de todo ello. Y mucho; mucho más que los otros. Apreciamos y gustamos enormemente de cada uno de los bienes mencionados, que son bienes de Dios. Sólo nos diferencia una cosa, o dos cosas: que en el fondo no son sino una. Una de las dos: que gozamos de todo ello dentro de la ley que el Creador de esas cosas nos ha puesto para go...

«La Tradición y la Revolución» - José Antonio Primo de Rivera (1903-1936)

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«...He aquí la tarea de nuestro tiempo: devolver a los hombres los sabores antiguos de la norma y del pan. Hacerles ver que la norma es mejor que el desenfreno...». Que asistimos al final de una época es cosa que ya casi nadie, como no sea por miras interesadas, se atreve a negar. Ha sido una época, ésta que ahora agoniza, corta y brillante; su nacimiento se puede señalar en la tercera década del siglo XVIII; su motor interno acaso se expresa con una palabra: el optimismo. El siglo XIX –desarrollado bajo las sombras tutelares de Smith y Rousseau– creyó, en efecto, que dejando las cosas a sí mismas producirían los resultados mejores, en lo económico y en lo político. Se esperaba que el libre cambio, la entrega de la economía a su espontaneidad, determinaría un bienestar indefinidamente creciente. Y se suponía que el liberalismo político, esto es, la derogación de toda norma que no fuere aceptada por el libre consenso de los más, acarrearía insospechadas venturas. Al principio los hech...