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«Lo sobrenatural y lo antinatural» - Gustave Thibon (1903-2001)

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        Los hombres de mi generación se acuerdan del clima de angelismo y puritanismo que reinaba a principios de siglo en los medios católicos. Se olfateaba no sé qué mal olor de pecado en todo lo referente a las cosas carnales y materiales y parecía que el medio más seguro de agradar a Dios era desviarse de la naturaleza. Tal «morosidad» de la religión ha contribuido en gran parte a minar su influencia sobre los espíritus y es igualmente, una de la causas del retraso demasiado largo de los hombres de Iglesia en ocuparse de los problemas morales y sociales planteados por el brusco paso de una economía de penuria a una economía de abundancia. Hoy predomina el abuso contrario: la naturaleza no sólo ha sido rehabilitada, sino exaltada hasta la apoteosis, y las viejas nociones de pecado, de penitencia y de sacrifico son sustituidas por las de dilatación, apertura, expansión, etc. Incluso se encuentran teólogos que, interpretando el Evangelio a través de Freud o Marx, ...

Sobre el celibato sacerdotal
SAN JUAN PABLO II (1920-2005 )

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1. En los evangelios, cuando Jesús llamó a sus primeros Apóstoles para convertirlos en «pescadores de hombres» ( Mt  4, 19;  Mc  1, 17; cf.  Lc  5, 10), ellos, « dejándolo todo , le siguieron» ( Lc  5, 11; cf.  Mt  4, 20.22;  Mc  1, 18.20). Un día Pedro mismo recordó ese aspecto de la vocación apostólica, diciendo a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido» ( Mt  19, 27;  Mc  10, 28; cf  Lc  18, 28). Jesús, entonces, enumeró todas las renuncias necesarias, «por mí y por el Evangelio» ( Mc  10, 29). No se trataba sólo de renunciar a ciertos bienes materiales, como la casa o la hacienda, sino también de separarse de las personas más queridas: «hermanos, hermanas, madre, padre e hijos» –como dicen Mateo y Marcos», y de «mujer, hermanos, padres o hijos» –como dice Lucas (18, 29).     Observamos aquí la diversidad de las vocaciones. Jesús no exigía de todos sus discí...