«Carta a su hijo Christopher» (fragmento) - John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973)

30 de abril de 1944
20Northmoor Road, Oxford.

Mi muy querido:

[...]
Te extraño mucho, y todo esto me es muy duro de soportar, por mí y por ti. El estúpido desperdicio de la guerra es tan enorme, no sólo material, sino también moral y espiritual, que desconcierta a quienes tienen que soportarlo. Y siempre lo hubo (a pesar de los poetas) y siempre lo habrá (a pesar de los propagandistas); por supuesto, no es que no fue, es y será necesario enfrentarlo en un mundo maligno. Pero tan corta es la memoria humana y tan efímeras son sus generaciones, que en sólo unos 30 años habrá poca o ninguna gente con la experiencia directa de ella, que es la única que llega realmente al corazón. La mano quemada es la que más enseña del fuego.

A veces me siento aterrado al pensar en la suma total de miseria humana que hay en este momento en el mundo entero: los millones separados los unos de los otros, estremecidos, prodigándose en días sin provecho... aparte de la tortura, el dolor, la muerte, la desgracia, la injusticia. Si la angustia fuera visible, casi la totalidad de este planeta anochecido estaría envuelto en una oscura nube de vapor oculto de la mirada asombrada de los cielos. Y las consecuencias de ella serán en lo fundamental malas, históricamente consideradas. Pero la versión histórica no es por supuesto la única. Todas las cosas y los hechos tienen valor pos sí mismos, aparte de sus «causas» y «efectos». Ningún hombre puede estimar lo que está realmente acaeciendo sub specie aeternitatis. Todo lo que sabemos, y en gran medida por experiencia directa, es que el mal se afana con amplio poder y perpetuo éxito... en vano: siempre preparando tan sólo el terreno para que el bien brote de él. Así es en general, y así es también en nuestras propias vidas... Pero aún hay alguna esperanza de que las cosas mejoren para nosotros, incluso en el plano temporal, por la clemencia de Dios. Y aunque necesitamos todo nuestro coraje y nuestras agallas (la vastedad del coraje y la resistencia humanos es estupenda, ¿no te parece?) y toda nuestra fe religiosa para enfrentar el mal que pueda acontecernos (como les acaece a otros si Dios lo quiere), aún podemos rezar y tener esperanzas. Yo lo hago. Y tú fuiste para mí un don muy especial en un momento de dolor y sufrimiento mental; y tu amor, que floreció casi en el momento en que naciste, me fue predicho, casi como si las palabras hubieran sido pronunciadas, al punto que me siento consolado, aun cuanto esto fuera por siempre así. Probablemente nos volveremos a encontrar bajo la mirada de Dios «en entereza y unidad» antes de no mucho, mi muy querido, y es seguro que tenemos un vínculo que perdurará más allá de esta vida, sometido, claro está, al misterio del libre albedrío, por el cual cualquiera de nosotros podría desechar la «salvación». ¡En ese caso, Dios dispondría las cosas de manera diferente!

[...]

Cuídate en cuerpo y alma de todo modo adecuado y posible, por el amor que le tienes a tu padre.

* En «Cartas – Selección de Humphrey Carpenter con la colaboración de Christopher Tolkien», Ed. Minotauro, Barcelona, España, 1ª edición, 1993; págs.93-95.

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