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Mostrando las entradas de enero, 2026

«Formas – Seriedad – Izquierda y Derecha» - Francisco Seeber (1919–1989)

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«...El nacionalismo se ha negado siempre a encasillarse en alguno de los términos de la dicotomía izquierda-derecha precisamente porque la considera falsa, es decir, generadora de actitudes deformadas, parcializadas, de la conducta humana...». FORMAS Hay que forzarse a querer las formas, las formas propias, para ser personas y no hormigas. Uniformidad y deformación son una misma cosa. Son nuestras formas las que nos hacen ser nosotros mismos, y en ser nosotros mismos reside nuestra libertad. Y digo que hay que forzarse, porque existe en los hombres y en las sociedades una tendencia nihilista, suicida, a fundirse, a desaparecer en la uniformidad: y ello por abulia y por temor a la soledad y a la lucha. Querer las formas y creer en ellas supone un esfuerzo racional y afectivo, y siempre está presente la tentación de abandonarse al instinto, de renunciar al movimiento y a la afectividad, en una actitud de la que son ejemplo extremo los esquizofrénicos. Nuestro mundo europeo, nuestra cultu...

«El derecho a la rebeldía: el ejemplo de los Cristeros mejicanos» - Eugenio Vegas Latapié (1907-1985)

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La anticlerical y laicista constitución mejicana de 1917, fue coronada casi una década después por una inicua ley promulgada en 1926 por el Presidente Plutarco Elías Calles. Produjo ello el heroico y glorioso levantamiento en armas del fiel pueblo mejicano, dando origen así a la llamada «Guerra Cristera». Al cumplirse, pues, este año el centenario de tal epopeya «Decíamos ayer...», rinde homenaje a quienes ofrendaron sus bienes y sus vidas, al grito de «¡Viva Cristo Rey y viva la Virgen de Guadalupe!». Y según la ley casi todas las cosas se purifican con sangre: y sin derramamiento de sangre no se hace la remisión. (Epístola de San Pablo a los Hebreos, IX-12) Son los católicos mexicanos [1] los que, dando un ejemplo admirable al mundo entero, han puesto por fin en práctica las palabras del Apóstol y han hecho oferta generosa de su sangre y de su vida en aras de la Religión y de la Patria. En pleno reinado del materialismo, cuando la conservación de la vida y de la hacienda se han elev...

«A Roosevelt» - Rubén Darío (1867-1916)

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Transcribimos hoy, por su actualidad, el ya conocido poema de Rubén Darío dedicado a Theodore Roosevelt, presidente de Estados Unidos entre 1901 y 1909, digno antecesor de Donald Trump.   ¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, que habría que llegar hasta ti, Cazador! Primitivo y moderno, sencillo y complicado, con un algo de Washington y cuatro de Nemrod. Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena, que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.   Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza; eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy. Y domando caballos, o asesinando tigres, eres un Alejandro-Nabucodonosor. (Eres un profesor de energía, como dicen los locos de hoy.) Crees que la vida es incendio, que el progreso es erupción; en donde pones la bala el porvenir pones. No.   Los Estados Unidos son potentes y grandes. Cuando ellos se estremecen hay un hondo tembl...

«La adoración de los Reyes» - Ramón del Valle Inclán (1866-1936)

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«Un ángel tendía sobre la cuna sus alas de luz, y las pestañas del Niño temblaban como mariposas rubias, y los tres Reyes se postraron para adorarle, y luego besaron los pies del Niño». Vinde, vinde, Santos Reyes Vereil, a joya millor, Un menino Como un brinquiño Tan bunitiño, Qu’ á o nacer nublou o sol! Desde la puesta del sol se alzaba el cántico de los pastores en torno de las hogueras, y desde la puesta del sol, guiados por aquella otra luz que apareció inmóvil sobre una colina, caminaban los tres Santos Reyes. Jinetes en camellos blancos, iban los tres en la frescura apacible de la noche atravesando el desierto. Las estrellas fulguraban en el cielo, y la pedrería de las coronas reales fulguraba en sus frentes. Una brisa suave hacía flamear los recamados mantos: El de Gaspar era de púrpura de Corinto: El de Melchor era de púrpura de Tiro: El de Baltasar era de púrpura de Menfis. Esclavos negros, que caminaban a pie enterrando sus sandalias en la arena, guiaban los camellos con ...