Maritain
P. JULIO MEINVIELLE (1905-1973)


   Maritain –fallecido hace escasas semanas– ha llenado el proceso y la declinación de la Iglesia en estos últimos sesenta años. Cuando el grupo intelectual argentino, el de los Cursos de Cultura Católica, lo encontró, allá en la década del 20, Maritain se había hecho conocer como autor del “Antimoderne”. Un vigoroso despertar de la inteligencia católica era realidad, entonces, en el plano mundial con figuras del relieve de Chesterton, Belloc, Masis, Claudel, Papini, Psicari, Péguy y el mismo Maritain. Este vigor alcanzaba también a lo político que, con “el empirismo organizador” de Charles Maurras, se acercaba a las grandes líneas de la política del bien común de Aristóteles. Maritain, que en filosofía había descubierto a Santo Tomás, en religión frecuentaba “el misterio de la Iglesia” de Clérissac, en política había adherido a L’Action Francaise de Charles Maurras. Había una gran coherencia en la personalidad del joven Maritain, la cual era a su vez, reflejo de la que existía en las fuerzas preponderantes de la Iglesia francesa. La armonía entre cultura filosófica, política y religión dentro del sector católico, no podía dejar de preocupar seriamente a las logias masónicas, denunciadas como un peligro para la Iglesia, la Cultura y la Patria en el “Antimoderne”.
   De aquí, que había de esperarse un contraataque de todas las fuerzas de la subversión contra este renacimiento religioso-político, cuyo centro estaba en el catolicismo francés. El motivo no era difícil de encontrar. Durante todo el pontificado de San Pío X, muerto en 1914, se hizo lo imposible a efectos de conseguir la condenación romana de L’Action Francaise. Con Pío XI, que no estaba dotado del carisma sólo hallable en los santos, se esperaba conseguirlo. Para ello, se iba a tentar todos los medios, incluso el hacer llegar a las manos del Pontífice números fraguados del diario de L’Action Francaise, llenos de sacrílegas blasfemias, lo que de hecho llenaría de indignación al Pontífice, que se distinguía por su fe intrépida. Allá en 1926, Roma condena públicamente a la escuela política de L’Acion Francaise.
   Es fácil presagiar lo que había de venir después. Maritain, por sus antecedentes familiares y educación, inclinado al iluminismo de las logias, encontró la ocasión para romper con L’Action Francaise y, con este rompimiento, repudió también el rechazo del mundo y de la política moderna, que hasta entonces le había resultado obvio, abrazando el culto de los mitos liberales y democráticos. Pero, como no podía abrazar este culto si antes no destruía la concepción católica de la política, estructurada en torno de la idea de Cristiandad, se puso a destruir esta idea y escribió “Religion et Culture”, en 1930 y “Humanismo Integral” en 1934. Destruida la Cristiandad tradicional la substituyó por otra, democrática, liberal y laicista, cuya exposición debía culminar en la segunda guerra mundial con “Los derechos del hombre y la ley natural” y con “Cristianismo y democracia”.
   Maritain quedó fiel, en líneas generales, a la filosofía especulativa de Santo Tomás y ejerció en ella poderosa influencia; no así, en cambio, en política, en la que tuvo mayor influencia todavía, sobre todo en las generaciones nuevas católicas, ya sea directamente a través de sus libros, ya indirectamente por sus discípulos, algunos de ellos tan descollantes como Emmanuel Mounier. Todos los movimientos de la democracia cristiana en el mundo –hasta entonces inspirados en el modelo italiano de Luigi Sturzo– tomaron aliento en los libros e ideas de Maritain; asimismo toda la literatura católica de política se inspiró en sus libros, lo que provocó sobre todo en los países católicos un envenenamiento de las ideas de política y de política religiosa. Todo esto había de producir, a su vez, una confusión y debilitamiento de la misma fe católica en las generaciones nuevas. Producida la quiebra de la buena doctrina en política, los medios católicos quedaron indefensos frente al liberalismo, al socialismo y comunismo. El caso claro nos lo ofrece Chile, donde el maritainismo acaba de abrir la entrada al comunismo. Y hoy, en todo el mundo se observa como fenómeno general, el auge del comunismo como efecto de maritainismo de la democracia cristiana. Y el progresismo de los medios católicos es la consecuencia normal del maritainismo que le ha antecedido. Porque a la destrucción de la Cristiandad, efectuada por Maritain, sigue como efecto natural la destrucción del cristianismo, efectuada por los teólogos, llámense Chenu, Congar, Cardonnel.
   Es cierto que Maritain ha escrito “El campesino de la Garona” contra el progresismo; pero es que Maritain ha quedado petrificado en 1930; su “Humanismo Integral”, en cambio, ha evolucionado homogéneamente hacia Theilard de Chardin” y hacia el comunismo.
   La verdad de la Iglesia y de la civilización cristiana es una y única. Si se destruye la civilización cristiana, se destruya a la Iglesia. Maritain ha destruido la Cristiandad, sus discípulos destruyen hoy la Iglesia.

* Revista Cabildo, Año 1, n°2, junio de 1973; y en “El Progresismo Cristiano”, pág. 199, Cruz y Fierro Editores, 1983.

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