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Lealtad y defensa propia
FEDERICO IBARGUREN (1907-2000)

... Pues bien: ¿qué causas profundas movieron los acontecimientos ocurridos en Buenos Aires en mayo de 1810?      Vinculados a España, nuestros patriotas –como natural reacción a la decadencia borbónica, pero leales al viejo espíritu de familia común– abrigaban, es cierto, ocultos propósitos de reforma institucional. ¿Eran legítimas sus aspiraciones a esta especie mínima de «independencia» en las leyes? En otras palabras: ¿fueron aquellas miras auténticas, o, por el contrario, artificialmente fomentadas por potencias extrajeras en tren de repartirse los maltrechos dominios de Carlos V en el nuevo mundo?      Voy a leerles a continuación el testimonio indubitable de dos protagonistas de los referidos suceso: Cornelio Saavedra y Tomás Manuel de Anchorena respectivamente. A través de sus propias palabras podrán ustedes darse cuenta del verdadero sentido que originariamente tuvo el movimiento porteño de 1810, tan tergiversado –y no siempre de buena fe– en los relatos de nuestra deleznab…

Idea del intelectual católico
NIMIO DE ANQUÍN (1896-1979)

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No hay nada tan contradictorio de la idea cristiana de sabiduría como el intelectual puro, personaje estéril, engendrado por el arte o la ciencia sin caridad, es decir, sin amor. Todo lo que no coopera a la realización del reino de Dios, es inútil y vano; y el Reino de Dios consiste en el señorío de la caridad, pues Dios es caridad. El problema último de la humanidad es la transfiguración de sí misma por el amor; su acercamiento máximo por esa participación a la esencia divina. Cristo que vistió la Humanidad perfecta, trajo a nosotros junto con la persona del Verbo, el modelo acabado de Humanidad, y su muerte por redimirnos del «hombre viejo», es el sacrifico del amor. Para el intelectual cristiano no existe ningún modelo cual Cristo, y toda la sabiduría se resuelve para él en una «imitación» de las perfecciones infinitas del Verbo. Para el cristiano, las cosas tienen sólo un valor instrumental y las que no pueden ser empleadas en la ejecución de la gran obra del Reino, deben ser ave…

Salazar o la Dictadura de la inteligencia (fragmento)
HENRI MASSIS (1886-1970)

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De la Lisboa de suntuosas calles, de vastas explanadas donde sobre el fondo nacarado de las colinas, nuevos barrios escalonan sus cubos monocromos; del estuario del Tajo a la blanca Evora que entristece el insostenible brillo de su luz y de sus glorias difuntas, pero que tras un decorado demasiado bello prosigue su labor de terriana tenaz; de Alcobaça la real, que ante las brechas de su inmenso monasterio continúa valorando sus vergeles, sus olivares y sus viñas, hasta Batalha la victoriosa donde brilla siempre la lámpara de heroísmo; de Coimbra la sabia cuya historia hecha de vida y la vida de historia, a la acrópolis de Tomar que domina uno de los paisajes más armoniosos del mundo y alza sobre la transparencia del cielo su Torre de los Templarios y esa Iglesia de la Orden de Cristo donde el arte manuelino anuda sus troncos de jarcias alrededor de bahías «esculpidas por el sueño y la nostalgia del mar»; por todas partes, de norte a sur, en todos los caminos de Portugal, al visita…

Concepción Católica de la Política (fragmentos)
P. JULIO MEINVIELLE (1905-1973)

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Sufragio universal Nada más deplorable y opuesto al bien común de la nación, que la representación a base del sufragio universal. Porque el sufragio universal es injusto, incompetente, corruptor. Injusto, pues niega por su naturaleza la estructuración de la nación en unidades sociales (familia, taller, corporación); organiza numéricamente hechos vitales humanos que se substraen a la ley del número; se funda en la igualdad de los derechos cuando la ley natural impone derechos desiguales; no puede ser igual el derecho del padre y del hijo, el del maestro y el del alumno, el del sabio y el del ignorante, el del honrado y el del ladrón. La igual proporción, en cambio –esto es la justicia– exige que a derechos desiguales se impongan obligaciones desiguales. Incompetente, por parte del elector, pues éste con su voto resuelve los más trascendentales y difíciles problemas religiosos, políticos, educacionales, económicos. De parte de los ungidos con veredicto popular, porque se les da carta bl…

Día de Pascua (fragmento)
ROBERT HUGH BENSON (1871-1914)

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Con la presente publicación, «Decíamos Ayer...» desea a todos sus lectores amigos unas felices y santas Pascuas de Resurrección; y ofrece nuevamente el texto completo del libro de este autor, «La amistad de Cristo», el cual puede descargarse al pie de la página.
No me toques, porque aún no he subido al Padre. (Jn 20,17)
     A raíz de su primer encuentro con Jesús, hubo en la vida de María Magdalena tres momentos cruciales, tres ocasiones en las que su relación con el Señor, su esperanza, la hizo subir hasta los cielos para luego arrojarla al borde del infierno.
I. En la primera ocasión Cristo fue su salvador. El arte y la literatura han reproducido la escena una y otra vez. Los invitados ocupan sus puestos en las largas mesas dispuestas en la estancia del primer piso. Allá, en el último lugar, con los pies aún cubiertos del polvo de los caminos, con el cabello seco y enredado por el viento, vemos al amigo de todos en su diván, al joven carpintero del norte. La invitación no tiene como o…

Las Catedrales (fragmento)
HENRY BORDEAUX (1870-1963)

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Ante el incendio de la querida Catedral de París, «Decíamos ayer» quiere rendir, con la presente publicación, un humilde y filial homenaje a «Nuestra Señora».

     La arquitectura es la primera de las artes. Da asilo al hombre y al mismo Dios. Crea el hogar y el santuario. El valor histórico de una época se juzga por sus monumentos. Las pirámides de Egipto y los templos indios continúan evocando la religión de la muerte y la de Brahma y Visnú, el de los miembros múltiples. Grecia ha realizado la belleza perfecta en la Acrópolis de Atenas, y Roma, su fuerza ordenada, en su Coliseo, sus foros, sus basílicas, sus termas, sus acueductos. La Cristiandad ha recubierto Europa con la túnica de sus catedrales. Del Renacimiento del Louvre y de los castillos del Loira, del Luis XIV de las Tullerías y de Versalles, del siglo XVIII de los Triannones y de las milagrosas proporciones de las casas de recreo, ¿habremos sabido guardar el gusto por la construcción y el arte de un acuerdo entre el maestro…

El hombre en el caos (fragmento)
TEODORO HAECKER (1879-1945)

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[...]      Ni la selva virgen de lujuriosa vegetación, ni el desierto estéril, ni el fondo del mar, lleno de vida exótica y abundante, ni las rocas, la nieve y el hielo de las altas montañas, ni los volcanes y los arrebatados torrentes, ni los rayos del sol, benéficos o mortales, ni las tormentas estruendosas, nada de esto es manifestación del caos de esta época. Todas estas realidades naturales no se dan fuera del orden debido, antes siguen puntualmente las leyes insertas en su ser, y se someten al orden de la Naturaleza que, según la voluntad de Dios, fue creada por el Espíritu, pero no fue dotada de espíritu, ni es propiamente creadora. Esta frase no contradice a la idea del Apóstol de que toda la creación, no sólo el hombre, espera con ansia el Advenimiento. Esta nostalgia es en la creatura tanto más fuerte cuando más «ordenada» es. El caos a que aquí nos referimos cuando hablamos del caos de esta época, afecta a las cosas sobre las cuales puede el hombre, en virtud de su libertad…

La cuestión de las Malvinas (fragmento)
VICENTE D. SIERRA (1893-1982)

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[...]
     La cuestión de establecer qué grupo humano fue descubridor del archipiélago llamado Malvinas (islas Falkland por los ingleses) tiene poco o nada que ver con el conflicto que sobre la pertenencia de ese grupo de islas mantienen la República Argentina y la Gran Bretaña. Lo positivo es que sólo en la segunda mitad del siglo XVIII, y tras la guerra de los siete años, el archipiélago atrajo la atención de los intereses de algunas potencias; y así, Francia fue la primera en instalarse en una de las islas, y a poco, en 1770, Gran Bretaña hizo lo mismo en la otra. Ante la protesta española, Francia reconoció el dominio de España y entregó la isla, y en 1774 Gran Bretaña abandonó las instalaciones de Puerto Egmont, no sin dejar una señal de haber estado en el lugar, y estableciendo sus derechos «SOBRE ESE LUGAR», y no sobre el archipiélago[1]. Inmediatamente a este abandono España se instaló en la isla en que lo había hecho Francia, y afirmó su soberanía sobre la totalidad del archi…