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Construcción de la modernidad
ANÍBAL D'ANGELO RODRÍGUEZ (1927-2015)

Como hemos dicho, la modernidad es, primero, una de las dos formas culturales de la civilización occidental. Ello no significa olvidar que surgió en un momento determinado y que, en consecuencia, puede servir también para identificar una etapa de nuestra civilización. Y que así como la cristiandad tiene una «prehistoria» (los siglos I a V de nuestra era), un desarrollo (siglos V a X) un apogeo (siglos XI a XIII) y una crisis (siglos XIV a XX)[1], la modernidad recorre también una trayectoria paralela, con una prehistoria (siglos XI a XIII), una transición (siglos XIV a XVII), un desarrollo (siglos XVIII y XIX) y una crisis (siglo XX).
  En efecto, la modernidad como forma cultural comienza a construirse en Occidente en los mismos siglos en que la Cristiandad llega a su apogeo. Está representada, al principio, por un simple «cambio de acento» en los temas a estudiar, un nuevo interés por la naturaleza, apenas uno de esos «aleteos de la mariposa», que a la vuelta de los años se conve…

Una clase domina a la Nación (fragmento)
THIERRY MAULNIER (1909-1988)

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Cuando se conserva un resto de adhesión de carácter fetichista a la democracia, se intenta su defensa sosteniendo que constituía por sí misma un progreso hacia la liberación humana y que los principios de libertad e igualdad no han podido producir sus consecuencias por el crecimiento del poder capitalista; tal es la actitud de los socialistas demócratas; espíritus más libres convienen en que la democracia ha sido la máscara, la hermosa fachada teórica e idealista detrás de la cual se ha edificado el poder real de los amos de la producción. Pero todavía es ésta una manera de ver demasiado tímida. Es preciso ir más allá y reconocer que la posibilidad misma de la edificación del poder capitalista no pude concebirse absolutamente fuera de la democracia, como es imposible concebir una democracia que no significara el dominio económico de una clase.
   Democracia y capitalismo, aparecidos en el mismo momento de la historia, son los dos aspectos de una misma ideología, son las dos formas…

La niebla
RAFAEL GAMBRA (1920-2004)

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En alguna ocasión he escrito que la decisión de un católico ante los tristes avatares de la hora presente debe ser la de «mantener la fe y la esperanza, la de transmitirla íntegra a nuestros hijos cueste lo que cueste, aún a riesgo del aislamiento y de la soledad, de la incomprensión o de la persecución psicológica o sangrienta».    Parece que este designio se orienta al mantenimiento de la fe –bien supremo del hombre en esta vida–, y que a él ha de sacrificarse, si preciso fuere, la vida misma de nuestros hijos, que quizá sufrirán –en grado superior a nosotros mismos– el aislamiento o las torturas «psicológicas» y aun físicas del futuro «universo tecnificado». Quiero ahora aclarar que esa decisión frente al gran derrumbamiento de la fe, de la moral y de las costumbres a que asistimos, si ha de tomarse primordialmente por la salvación de la fe, habría que adoptarse igualmente si sólo se tratase del bien personal de nuestros hijos. Es decir, que a pesar de esos riesgos a que podemo…

Esto se acaba (fragmentos)
ENRIQUE P. OSÉS (1899-1954)

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La vejez física se apoya en un bastón para mantenerse aparentemente firme; la decrepitud de un régimen, carcomido por dentro por todas las lacras, quiere apoyarse en la juventud, para sobrevivir. Yo, ustedes, cualquiera de nosotros serviríamos de báculo a un inválido, de lazarillo a un ciego, sin preguntarles siquiera si su invalidez o su ceguera son obra del tiempo inexorable que pasa, o de sus enfermedades morales y físicas. Pero ni yo, ni ustedes ni nadie de nosotros, serviremos, consciente o inconscientemente, para apoyar, para sostener sobre nuestros hombros ágiles, sobre nuestro espíritu limpio, la decrepitud ignominiosa, la decadencia inmoral de este régimen político, de este régimen económico, de este régimen social, en el que están resumidas, contenidas, todas las angustias, todas las traiciones, todas las entregas, todas la esclavitudes de que padece la patria argentina...

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    ...No, otra vez y mil veces no. Ni sostén, ni báculo, ni apoyo, ni colaboración, ni toleran…

Educación y destino
TOMÁS D. CASARES (1895-1976)

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Educar es no sólo preparar para la vida, sino también para la muerte, y para lo que haya tras la muerte; es colocar a un alma en la dirección de su destino. Esto de manejar destinos ajenos puede parecer una intromisión ilícita en lo que hay de más íntimo e inviolable en la vida humana, ya que el destino elegido se refleja sobre todos los actos de la vida, es como el molde en el que vaciamos nuestro ser, para que cuanto de él provenga –convicciones de la inteligencia, resoluciones voluntarias, alegrías y padecimientos– tome la forma ideal, arquetípica, que nos proponemos alcanzar. Alcanzarla es, precisamente, cumplir nuestro destino. Puede parecer intromisión, decía, porque el destino suele ser considerado como objeto de libre elección individual. Juzgándolo así, el laicismo propugna un sistema educacional que pase a la vera del problema del destino, que se limite a vitalizar todas las posibilidades espirituales de los niños sin acentuar ninguna, para que, llegada la edad del disce…

Defecto de cultura filosófica y desorden intelectual
ROBERTO DE LAFERRÈRE (1900-1985)

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Nuestros filósofos políticos, cuyo pensamiento presidió la formación de nuestra nacionalidad, confundieron en todo tiempo progreso con sustitución. Ese error, de origen intelectual, que está en la raíz del liberalismo filosófico, incapaz siempre de distinguir la substancia de sus cualidades, ha sido funesto para el desarrollo de la personalidad nacional, condenándola, precisamente, a no desarrollarse y a dispersarse en la nada.    La noción de progreso es inseparable de la de perfeccionamiento. Sólo progresa lo que se perfecciona en el sentido de lo que ya es. No se concibe un progreso que se opere en el vacío, en la nada o en lo inestable por naturaleza propia; no se concibe el progreso sin una substancia perdurable que sea su materia de operación. Su transmutación es, precisamente, lo contrario; es la conversión de una cosa en otra distinta.     Rivadavia, Alberdi y Sarmiento, los tres ases de la mentalidad política argentina, maestros de cien discípulos que fueron caudillos y go…

Jardín Cerrado
LEÓN BLOY (1846 - 1917)

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Jesús salió de María como Adán del paraíso terrenal, para obedecer y para sufrir. María está figurada, pues, por el jardín de delicias «plantado por Dios desde el principio...». El segundo capítulo del Génesis es absolutamente incomprensible si no pensamos en María, y, aunque es cierto que todo es incomprensible sin ella, ¡cuánto más esto!     Este jardín cerrado desde la Desobediencia, hortus conclusus, para tribulación o desesperación de una multitud de millares de seres, era el término de las «generaciones del cielo y de la tierra», según la expresión enormemente misteriosa del Libro santo.     Era un maravilloso jardín donde no llovía nunca. Una fuente subía de la tierra para regarlo y un río, anterior a todas las geografías, salía de aquel paraíso para dar luego en cuatro grandes ríos cuyos nombres significan o parecen significar: Prudencia, Templanza, Agilidad del Espíritu, Fecundidad –según dicen los intérpretes más sabios. Es preciso creer que esos cuatro nombres envuelve…

La vuelta de la bandera
JOSÉ MARÍA PEMÁN (1897-1981)

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Se cumple hoy un nuevo aniversario del glorioso «Alzamiento» que dio origen a la última Cruzada. Publicamos entonces este magnífico discurso radiofónico pronunciado por Pemán en Sevilla, a los pocos días de dicha gesta.   
Sevillanos; españoles todos que me escucháis: Ante todo agradezco en el alma al glorioso general Queipo de Llano la honra que me concede cediéndome este micrófono, por el que quisiera, si fuera posible la paradoja, describir algo del indescriptible día de hoy. Pasó, al fin, la dura cuaresma de la Patria. Hoy se ha rasgado el velo morado que habían echado sobre su semblante auténtico. ¡Hoy es la Pascua florida de la resurrección de España! Porque hoy has llegado tú, vieja bandera nuestra. Has llegado con exactitud de enfermera, a la hora del dolor y del consuelo; con puntualidad de novia, a la hora en que nuestra impaciencia no admitía ya más espera. Cuando tenías que llegar: ni antes ni después. Ni antes, que hubiera sido sacrilegio traerte a presidir la ignominia de Es…

«Ricardo Güiraldes»
IGNACIO BRAULIO ANZOÁTEGUI (1905-1978)

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Ricardo Güiraldes tenía el nombre gaucho como él solo. Nombre de estanciero con estancia grande en la mitad de la pampa, abandonada y quieta. Nombre anudado de años, en la silenciosa paciencia del descampado. Nombre para decirlo en el guitarreo largo de los anochecidos, como si fuera el santo y seña de la pampa. Ricardo Güiraldes supo llevar su nombre igual que una esperanza, al tranquito, y acariciándole el cuello, en dirección a la fama. Y la noche del campo se le venía encima como una purificación. Él conoció la gloria de que la pampa misma le llamara por su nombre entero, en las tardes tranquilas y silenciosas. Y se sintió nombrar en las roldanas madrugadoras de los claros aljibes embaldosados de cielo y de mañana. Como nadie, él recorrió la pampa de punta a punta, al galope tendido, con su constancia larga. Él se sabía todas las mañas del pampero que se viene caracoleando desde lejos. Y que en los árboles de la estancia se infla fuerte, como azotando sábanas mojadas entre árbol …