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El queso
GILBERT KEITH CHESTERTON (1874-1936)

A nuestro entrañable amigo el P. Carlos Biestro quien, con el fin de sobrevivir, resultó un gran degustador, admirador y conocedor de una innumerable variedad de quesos...
Mi obra próxima, que va a ver la luz en cinco volúmenes, titulada: «El olvido del queso en la literatura europea», es un trabajo de detalles tan sin precedentes y laboriosos que dudo poder vivir hasta terminarlo. Por lo tanto, séame permitido que algunos chorros de tan superabundante fuente inunden estas páginas. Y, sin embargo, no puedo aún explicar plenamente el olvido a que me refiero. Los poetas han guardado un misterioso silencio acerca del queso. Si mis recuerdo no fallan, Virgilio se refiere muchas veces al queso, pero con la forma restringida de los romanos. No se deja arrastrar por el queso. El único otro poeta que en este momento puedo recordar, y que parece haber demostrado alguna sensibilidad en este punto, fue el anónimo autor de esa rima infantil que dice: «Si todos los árboles fuesen pan y queso...» qu…

A manera de resumen
RUBÉN CALDERÓN BOUCHET (1918-2012)

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La Edad Media es un todo complejo y muy variado, pero a través de las mutaciones guarda la unidad de una orientación espiritual decisiva hacia un encuentro definitivo con Dios que debe realizarse allende el tiempo histórico. Esta preferencia valorativa supo expresarse con pulcra exactitud en todas las manifestaciones de su vida cultural y en ninguna parte mejor que en la distribución de sus ciudades. Enseñadme la ciudad donde el hombre vive y advertiré las inclinaciones determinantes de su espíritu. El triunfo definitivo de la mentalidad burguesa y sus preferencias económicas han inspirado una filosofía de la historia que trata de explicar el decurso de nuestra existencia en la tierra como a un negocio bien o mal logrado de instalación utilitaria. Las grandes y las pequeñas ciudades de nuestro tiempo parecen confirmar este aserto definitivo y si no fuera por el terror que acecha solapadamente en la convivencia de las grandes metrópolis y busca organizar el poder sobre las almas, podrí…

El ingenioso hidalgo
FELIPE XIMÉNEZ DE SANDOVAL (1903-1978)

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Si hubiéramos de buscar en el hombre de la piel de toro el tipo medio humano del español del siglo XVI, que vive, sufre, trabaja y muere mientras sus grandes Reyes, capitanes y diplomáticos hacen la gran historia, no necesitaríamos la linterna de Diógenes para el difícil hallazgo. El prototipo del español de esa centuria gloriosa y fracasada es Miguel de Cervantes Saavedra. Miguel de Cervantes y su obra genial que sintetiza un pueblo. Miguel de Cervantes, soñador y escéptico, socarrón y lírico, caballeresco y plebeyo, realista e idealista, prosaico y poético. Miguel de Cervantes, militar y cautivo, escritor y burócrata, católico y pícaro, andariego y estático, ingenuo y truhán, quijotesco y pancista en suma. Aunque el libro inmortal aparezca en el XVII, Cervantes es el español del siglo XVI que ha pasado por los estados de alma de la Unidad, el Descubrimiento, la guerra comunera, el Imperio y la Contrarreforma. El español, primero reflexivo y desconfiado; luego apegado a su bolsa; de…

El Nacimiento del Hijo de Dios
P. LEONARDO CASTELLANI (1899 -1981)

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Con la presente publicación «Decíamos ayer...» desea para sus lectores una muy feliz y santa Navidad.
     El Nacimiento del Señor, la Natividad, que llamamos abreviadamente «Navidad», es la fiesta cristiana más grande después de Pascua de Resurrección, y la más popular de todas; realmente un misterio gozoso; el centro de todos ellos; pues «tanto amó Dios a los hombres –dice el Apóstol San Juan– que les dio su Hijo Unigénito, no para que los juzgue sino para que los salve». «He aquí que os anuncio un gozo para todo el pueblo» –dijo el Ángel a los Pastores–. Jesucristo nació a 8 kilómetros de Jerusalén, en Belén, que significa «casa de pan», como había predicho el profeta Miqueas. San José y la Virgen sabían la profecía de Miqueas; pero no sabían que los iban a obligar a ir de Nazareth a Belén los romanos; un decreto de Augusto el César obligando a sus súbditos a empadronarse cada uno en la ciudad de su familia. El Rey David había nacido en Belén de Judá; y san José y la Virgen eran des…

La configuración sacramental del mundo material (fragmento)
JOHANNES PINSK (1891 – 1957)

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[...] Los alimentos y demás objetos En el Rituale Romanum encontramos bendiciones para los diversos alimentos y bebidas; una bendición de los puentes y las fuentes; bendiciones de los vehículos –desde el simple carruaje hasta el avión– una bendición para las farmacias, para los molinos, para el barco pesquero, para los sismógrafos, para las bombas de incendio, para las camillas y la lencería de los enfermos; bendiciones de los caballos y otros animales domésticos como también de sus piensos; una bendición de las abejas y gusanos de seda; bendición de los montañistas y sus aparejos; en una palabra, todo lo que de alguna manera tiene importancia y valor en la vida humana, tiene su especial bendición. Además existe como para abarcarlo todo, una Benedictio ad omnia una Bendición para cualquier objeto. Se puede añadir que en la Edad Media se unía a estas bendiciones una copiosa superstición. Pero prescindiendo de este uso supersticioso, la íntima justificación de estas bendiciones está en s…

Tiempo de Adviento
SANTIAGO DE ESTRADA (1908-1985)

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Ni la angustia del pecado, ni el dolor de la naturaleza caída, sombras ambas que pesan sobre la humanidad entera, podrían eclipsar la suave luz de la Esperanza; de esa Esperanza que la Misericordia depositó en el corazón del hombre el día mismo de la prevaricación. Por eso la Santa Iglesia inicia el ciclo de la divina alabanza con el recuerdo de la Promesa y deja para después el llanto amargo de la Culpa. El tiempo sagrado de Adviento es tiempo de Penitencia... Pero la Penitencia del Adviento es sólo un purificarse en vísperas de la Encarnación: un abrir surcos y roturar tierras para que la Tierra germine al Salvador. Penitencia que invita a usar de este Siglo con sobriedad, con justicia y con piedad, en la Esperanza del advenimiento del Dios grande, de Jesucristo Nuestro Salvador. Adviento es tiempo de orar. La Redención no procede del esfuerzo humano ni es obsequio debido a mentidos méritos; no es obra de los hijos del Pecado, ni fruto que se alcance a fuerza de trabajos. Como el ro…

Declaración
GUSTAVO MARTÍNEZ ZUVIRÍA (HUGO WAST) (1883-1962)

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Ya nos damos cuenta de que este nuevo libro puede resultarnos, como varios de los anteriores, una nueva aventura. Confiamos en salir de ella sin ofensa para nadie y con la bendición de Dios, que no nos ha faltado nunca. Efectivamente, nuestro papel no tiene «buena prensa», tal vez desde los tiempos en que se concedió a Desierto de Piedra (1926) el primer premio de la literatura nacional, lastimando con ello a los de la cáscara amarga, que esperaban ver premiado a cualquier otro de pura estirpe liberal. Nuestra culpa vino a agravarse en 1943 cuando, siendo Ministro de Justicia e Instrucción Pública, dispusimos que se enseñara la religión católica en las escuelas públicas y colegios nacionales, acabando con aquella degollación de inocentes, que era la enseñanza atea, que llaman laica. La enseñanza religiosa había existido hasta 1880, pero se abolió después de largo y tormentoso debate, en que los representantes católicos en el Parlamento fueron derrotados. Su restablecimiento en 1943, …

La intervención Anglofrancesa y la Guerra de Obligado (fragmento)
ADOLFO SALDÍAS (1849-1914)

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En un nuevo aniversario del glorioso Combate de la Vuelta de Obligado y en el día de la Soberanía Nacional, «Decíamos ayer...» publica un fragmento de la narración de la batalla que en su magnífica obra realiza Saldías, y ofrece tanto el texto completo del esclarecedor capítulo respectivo como una reseña de la apasionante vida del general Lucio Norberto Mansilla, que figura como nota en el aludido capítulo, todo lo cual el lector interesado podrá descargar al pie de la página en sendos archivos.
Más allá de la altura de San Pedro, costa norte de Buenos Aires, el río Paraná forma un recodo que prolonga una curva en la tierra, cuya extremidad saliente se conoce por la Punta o Vuelta de Obligado. La punta en sí es un barranco levantado en sus costados y ondulado en el centro hasta descender suavemente al río. A esa altura el Paraná tiene cerca de 700 metros de ancho; y por ahí debían necesariamente pasar las escuadras de Gran Bretaña y Francia para llegar a Corrientes. En ese punto levan…