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«Ricardo Güiraldes»
IGNACIO BRAULIO ANZOÁTEGUI (1905-1978)

Ricardo Güiraldes tenía el nombre gaucho como él solo. Nombre de estanciero con estancia grande en la mitad de la pampa, abandonada y quieta. Nombre anudado de años, en la silenciosa paciencia del descampado. Nombre para decirlo en el guitarreo largo de los anochecidos, como si fuera el santo y seña de la pampa. Ricardo Güiraldes supo llevar su nombre igual que una esperanza, al tranquito, y acariciándole el cuello, en dirección a la fama. Y la noche del campo se le venía encima como una purificación. Él conoció la gloria de que la pampa misma le llamara por su nombre entero, en las tardes tranquilas y silenciosas. Y se sintió nombrar en las roldanas madrugadoras de los claros aljibes embaldosados de cielo y de mañana. Como nadie, él recorrió la pampa de punta a punta, al galope tendido, con su constancia larga. Él se sabía todas las mañas del pampero que se viene caracoleando desde lejos. Y que en los árboles de la estancia se infla fuerte, como azotando sábanas mojadas entre árbol …

La debilidad de la violencia
JUAN FRANCISCO GUEVARA (1922-2009)

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La década que comienza en 1853 dio a nuestro país la primera Constitución pero también nos brindó matanzas, fraudes, la separación egoísta y lamentable de Buenos Aires, el derrocamiento del segundo presidente constitucional, Derqui, propiciado por Mitre y consentido por Urquiza y la serie larga de iniquidades sin cuento, silenciadas por la historia oficial, que hicieron tabla rasa con toda oposición a los hombres de Buenos Aires para imponer éstos su propósitos e ideas sobre el interior.    Derrotado en forma absoluta uno de los bandos, pudo el otro dedicarse a la tarea de dar a nuestro país un ordenamiento jurídico determinado, una cierta estructura política y propender al progreso material acorde con nuestras enormes posibilidades naturales.    La llamada generación del ’80, una de cuyas figuras principales es el teniente general Julio Argentino Roca, concreta esta labor ordenadora, trabajando sobre un pueblo cansado por casi tres cuartos de siglo de luchas y dolores terribles,…

Guardia de Hierro (fragmentos)
CORNELIU ZELEA CODREANU (1899-1938)

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Ayer como hoy, la misma plaga que perdura; la sorprendente similitud con la Argentina de hoy no debería llamar la atención... «nada nuevo bajo el sol».

[...] La plaga de los políticos infecta nuestra vida nacional. La organización de nuestra juventud, además de ser necesaria para la autoeducación, lo es también para defenderla y aislarla de la plaga de los políticos y de su infección. La extensión de ésta entre la juventud rumana significa nuestra corrupción y la total victoria de Israel. Mas también esta organización de la obra de los políticos, no recibiendo nuevos elementos jóvenes, está condenada a muerte por inanición. Por falta de contenido. Es preciso entonces que la consigna de toda la juventud sea: ningún joven volverá a pisar la puerta de un partido político. Quien entre en él será un traidor a su generación y a su Patria. Porque con su presencia, con su nombre, con su dinero, con su trabajo contribuye a la elevación de la potencia de los políticos. Un joven que tal hiciera es…

«Louis Veuillot» (fragmento)
JUAN P. RAMOS (1878-1958)

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A principios de 1848 vive en París un periodista que tiene ya dos hijas y espera el nacimiento de un varón. Se lo participa así a un amigo: «el próximo mes tenemos que preparar una tercera cuna. Ruegue usted a Dios que ponga un varón en ella, y sobre todo que le conceda la más alta de las vocaciones humanas. Que sea un sacerdote, y si es posible un religioso, y si es posible un misionero, y si es posible un mártir. Dios hará de él lo que quiera, y cuanto haga estará bien, pero nuestro primer varón ya le está ofrecido y consagrado en nuestros corazones, pues lo dedicamos a la cruz que salvó al mundo. Se llamará Pedro, para que crea, para que ame, para que su alma quede preservada de toda ponzoña herética». En vez de un varón nació una tercera niña, y luego una cuarta y una quinta, aunque los padres seguían rogando por el nacimiento de Pedro. Cuatro años después, en julio de 1852, pierde la menor de las hijas, y en diciembre a la esposa, que acaba de darle una más. En mayo de 1855 muer…

Roncesvalles - 15 de agosto del año 788
HILAIRE BELLOC (1870-1953)

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Después que los mahometanos conquistaron a España, Carlomagno, el miembro más conspicuo de la mayor de las familias cristianas, no pudo hacer otra cosa que contenerlos mediante la ocupación del Valle del Ebro, en la misma forma que para fiscalizar a los enemigos de Europa, en otras fronteras, ocuparía el Valle del Elba. A su regreso a la Galia por el camino romano, a través de los Pirineos ístmicos, después de una campaña en España, su retaguardia, a las órdenes de Rolando, fue aniquilada por los montañeses en medio de los Pirineos. Este desastre dio origen a la más noble de las epopeyas cristianas.
El ejército había marchado tres días sobre la cima de las colinas más elevadas, a lo largo del camino romano que conducía a Pamplona, hacia poniente. El grupo principal había pasado mucho antes, desde su emplazamiento al borde del Ebro; esta retaguardia de más o menos tres millas de extensión, avanzaba lentamente, pesadamente, retardada por los carros. Algunos de los hombres más ricos que …

Nota
HÉCTOR BERNARDO (1912-1985)

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Ante la inminencia de la fecha de presentación de las listas de la pipirijaina[1] partidocrática, en vistas a la celebración de los próximos carnavales electorales, «Decíamos ayer...» publica este esclarecedor artículo, si bien escrito en 1934, de notable actualidad y vigencia.     El 4 de marzo próximo[2], se renovará la farsa electoral. El «Pueblo Soberano» elegirá en «comicios libres» ciudadanos que lo representen. El hecho en sí no tiene importancia. La elección de candidatos, mediante el sufragio, es una de las manifestaciones del sistema democrático en que nos hallamos sumidos. Y hoy, sólo pueden creer en la democracia dos clases de personas: los imbéciles y los sinvergüenzas. Los primeros, porque incapaces de distinguir su mano derecha de la izquierda, mal pueden distinguir formas de gobierno. Los otros, porque se les ofrece la posibilidad más amplia de enriquecerse a costa del país. Lo que constituye una tradición en nuestros gobernantes. No necesitamos demostrar la verdad de …

La desolación de Lugones
P. LEONARDO CASTELLANI (1899 -1981)

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Tres años han pasado desde que el más grande poeta nacido en las tierras del Plata puso fin a su vida con mano violenta[1]; y después de haber testimoniado acerca de la enfermedad de la Patria en sus obras LA HORA DE LA ESPADA y LA MISIÓN DEL ESCRITOR selló por desgracia su testimonio con un acto de desesperación infinitamente deplorable. Tres años, y la nación ha olvidado a Lugones. Tres años, y los «intelectuales», que armaron tan grande batifondo y cotorreo de bandar-log cuando sonó aquel trueno, están ya enteramente entregados a sus pequeños comercios y jueguitos vanos. Tres años, y la publicación oficial de las obras completas del gran artista duermen en proyecto en el seno de nuestro parlamento ridículo. De esto hemos de alegrarnos. Los politiqueros que hoy mangonean los destinos de la Patria no merecen a Lugones, ya que se puede decir que en cierto modo fueron sus asesinos.      Es mejor que no se reediten las obras de Lugones hasta que vengan tiempos y hombres capaces de…

Lealtad y defensa propia
FEDERICO IBARGUREN (1907-2000)

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... Pues bien: ¿qué causas profundas movieron los acontecimientos ocurridos en Buenos Aires en mayo de 1810?      Vinculados a España, nuestros patriotas –como natural reacción a la decadencia borbónica, pero leales al viejo espíritu de familia común– abrigaban, es cierto, ocultos propósitos de reforma institucional. ¿Eran legítimas sus aspiraciones a esta especie mínima de «independencia» en las leyes? En otras palabras: ¿fueron aquellas miras auténticas, o, por el contrario, artificialmente fomentadas por potencias extrajeras en tren de repartirse los maltrechos dominios de Carlos V en el nuevo mundo?      Voy a leerles a continuación el testimonio indubitable de dos protagonistas de los referidos suceso: Cornelio Saavedra y Tomás Manuel de Anchorena respectivamente. A través de sus propias palabras podrán ustedes darse cuenta del verdadero sentido que originariamente tuvo el movimiento porteño de 1810, tan tergiversado –y no siempre de buena fe– en los relatos de nuestra deleznab…