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«Entrada en Jerusalén» - Mons. Fulton J. Sheen (1895-1979)

Era el mes de nisán. El libro del Éxodo ordenaba que en este mes se escogiera el cordero pascual y que dentro de cuatro días se llevara al lugar donde había de ser sacrificado. En el domingo de Ramos, el cordero era elegido por el pueblo de Jerusalén; el día de viernes santo se le sacrificaba.    El Señor pasó su último sábado en Betania, en compañía de Lázaro y sus hermanas. Ahora circulaba la noticia de que nuestro Señor se dirigía a Jerusalén. Como preparación para su entrada, Jesús envió a dos de sus discípulos a una aldea cercana, donde, les dijo, encontrarían un pollino atado en el que ningún hombre se había sentado todavía. Tenían que desatarlo y traérselo a Él. Y si alguien os preguntare: ¿Por qué le desatáis? Diréis así: Porque el Señor lo ha menester. Lc 19, 31    Quizá no se ha escrito nunca una paradoja tan grande como ésta: por un lado, la soberanía del Señor, y por la otra, su necesidad. Esta combinación de divinidad y dependencia, de posesión y pobreza, era consecuenc…

«Radiomensaje a los fieles de España» - S. S. Pío XII (1876-1958)

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Se cumplirá mañana un nuevo aniversario de la victoria definitiva de las tropas nacionales en la Guerra Civil de España (1 de abril de 1939). A modo de homenaje es bueno recordar, entonces, el esclarecedor mensaje que S. S. Pío XII envió para aquella memorable ocasión al heroico y fiel pueblo español.
    Con inmenso gozo nos dirigimos a vosotros, hijos queridísimos de la Católica España, para expresaros nuestra paterna congratulación por el don de la paz y de la victoria, con que Dios se ha dignado coronar el heroísmo cristiano de vuestra fe y caridad, probado en tantos y tan generosos sufrimientos.     Anhelante y confiado esperaba Nuestro Predecesor, de s. m., esta paz providencial, fruto sin duda de aquella fecunda bendición, que en los albores mismos de la contienda enviaba «a cuantos se habían propuesto la difícil y peligrosa tarea de defender y restaurar los derechos y el honor de Dios y de la Religión»[1]; y Nos no dudamos de que esta paz ha de ser la que él mismo desde entonc…

«San Agustín. De Civitate Dei» - Jorge Siles Salinas (1926-2014)

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Es éste un fragmento de un notable y magistral artículo. Su lectura resulta muy esperanzadora para estos tiempos física y, sobre todo, espiritualmente virósicos.

    No nos es difícil imaginar el efecto desolador que debió producir en el ambiente cristiano del siglo V la trágica noticia del saco de Roma por Alarico, al mando de sus bandas de bárbaros visigodos. El año 410 tuvo lugar el suceso inconcebible; durante días y días la ciudad se vio ultrajada, aterrorizada, sometida a un feroz pillaje, incendiada y torturada por los asaltantes. La relación de los hechos cruzó todos los ámbitos del Imperio dejando paralizados de espanto a los oyentes. ¡Como! ¿No se había dicho que Roma era la ciudad eterna, que su perennidad estaba asegurada por las leyes divinas y por las previsiones de los hombres? ¿No habían dicho los escritores del paganismo, primero, los expositores del pensamiento cristiano, después, que Roma estaba investida de un carácter sagrado y que su esplendor había de irradiar p…

«El Silencio (Meditación)» - Josef Pieper (1904-1997)

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«La desgracia del hombre comienza cuando no está en condiciones de quedarse solo consigo mismo en una habitación» (B. Pascal)
Sólo quien calla, escucha. Si alguien me preguntara por las reglas fundamentales de la vida del alma y del espíritu, le pediría ante todo que pensara en esta frase. A primera vista parece una perogrullada. Resulta obvio que uno no puede al mismo tiempo hablar y escuchar lo que otro le dice. Con todo, la sentencia va mucho más allá de lo puramente «acústico». Se trata de algo más que de un mero callar con la boca. Incluso en el trato normal entre las personas se requiere un callar más profundo, por ejemplo cuando la palabra del otro intenta realmente alcanzarnos, y especialmente cuando alguien que nos necesita nos dirige un llamado de auxilio, quizás sin palabras, con la esperanza de llegar a nuestro corazón. Cuán verdadera resulta en este sentido la vieja sentencia: «Callar y oír es el trabajo más arduo».
Sin embargo la idea se relaciona más a la raíz de la exis…

«Enfermedad» - P. Johannes Pinsk (1891-1957)

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La enfermedad es levantada al plano sacramental mediante especiales bendiciones del enfermo, como también en las correspondientes misas votivas; pero particularmente por el sacramento de la Santa Unción. Este ha sido, en verdad, valorado y admitido, a través del desarrollo histórico de la vida cristiana en la Iglesia de Jesucristo, bajo puntos de vista totalmente diferentes; una veces más bien como una consagración para la muerte; otras en cambio, como una acción por la cual se buscaba, con la gracia interna, también la superación de la enfermedad corporal[1]. A mi juicio, ambos puntos de vista, pueden unificarse considerando que el sacramento de la Unción es una consagración de la enfermedad; la cual se transforma, como el nacimiento en el Bautismo, la edad adulta en la Confirmación, el comer y el beber en la Eucaristía, en un acontecimiento, de alguna manera, sacramental de la gracia. El hombre enfermo puede entender, a través de este sacramento, el hondo sentido de todo padecimient…

«Oración de guerra» - Soldado Anónimo (1938)

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En el frente del Ebro, un hombre de Franco ha muerto cara al sol. Sobre su cuerpo inerte fue hallada esta oración de guerra. La escribió la mano de un hombre que en la nueva alborada de su patria había saludado a Dios con el saludo de los gladiadores de Roma. La escribió un hombre que conocía el sentido santo de la lucha: de esa lucha de brazo contra brazo y de alma contra alma, en que se jugaba y se reconquistaba el destino de Europa. Esta es su oración de guerra, la oración de la vida y de la muerte: el mensaje que la vida mortal recita delante de la muerte inmortal.
«¡Oh Dios, Señor de los que dominan, Guía supremo, que tienes en tus manos las riendas de la Vida y de la Muerte, escucha mi oración de guerra! Haz, ¡oh Señor!, que mi alma no vacile en el combate y mi cuerpo no sienta el temblor del miedo. Haz que yo te sea fiel en la guerra, como te lo fui en la paz. Haz que el silbido agudo de los proyectiles alegre mi corazón. Haz que la sed y el hambre, el cansancio y la fatiga, no lo sie…

«El surgimiento del Nacionalismo (1927-1945)» - Aníbal D'Angelo Rodríguez (1927-2015)

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Es éste un fragmento introductorio a una valiosa, esclarecedora y por ahora inédita conferencia. Un importante testimonio histórico, pleno de vivencias personales de su autor y cuya íntegra lectura «Decíamos Ayer...» recomienda vivamente, para lo cual, al pie de la página, podrá descargarse su texto completo.
I. NACIONALISMO 1. Les ruego tengan la benevolencia de concederme unos minutos para desarrollar una breve reflexión sobre el nacionalismo. Me parece que el carácter de este congreso más que autorizarla la exige. Sabemos, en efecto, los que intervenimos en su preparación, que una de sus raíces más fuertes y definitorias fue la necesidad de salir al cruce de tantas insidias, calumnias e incomprensiones como las que se han alzado contra el nacionalismo en estos últimos años. Hasta tal punto que, al menos en mi caso personal, la razón última de mi participación es la necesidad de salir en defensa de quienes han sido mis maestros, aquellos que me ayudaron a encontrar un sentido a la vi…

«Ceniza» - Juan Carlos Goyeneche (1913-1982)

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No está de más traer aquí, a un periódico político, la memoria de la ceniza.     La ceniza es el último fin de la materia. Con ella la Cuaresma nos recuerda –a ese hombre olvidadizo e inestable que es cada uno de nosotros– que todo terminará aquí abajo por un puñado de polvo.     Pero la ceniza es también penitencia, el espíritu de compunción por la culpa, es decir, uno de los medios de purificar el alma. La ceniza es el ayuno, la abstinencia, la limosna. La aceptación voluntaria de los padecimientos y el cumplimiento fiel de nuestras obligaciones.     El cumplimiento fiel de nuestras obligaciones, hemos dicho. ¿Cuáles son las nuestras? A nosotros, en nuestra actuación pública nos obliga Dios y nos obliga la Patria.    En tal sentido, la ceniza aceptada, con su simbolismo de redención y de culpa, nos trae un ansia nueva de ser cristianos, de ser argentinos, de ser hombres.     Cristianos sin compromiso; argentinos sin transigencia; hombres sin mutilación.     Antes de la ceniza es…

«Notas marginales» (fragmento) - Rubén Calderón Bouchet (1918-2012)

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Nuevo mundo feliz     La primera versión de «La Cenicienta» que llegó a mis oídos traía una versión cruel pero aleccionadora sobre el medio empleado por las hijas de la madrastra para hacer entrar sus grandes pies en el zapatito de «La Cenicienta». Tomaron un cuchillo y cortaron todo cuanto podía rebasar la medida del calzado. El zapato entró, pero como no podían caminar, el Príncipe no se convenció que una de ellas fuera la estupenda bailarina de la noche anterior.
    La lección vino con los años y se traduce en esta modesta reflexión que ofrezco a quien quiera escucharla, porque su aplicación es de valor universal y puede extenderse a todas las esferas de la acción humana: el zapato debe ser hecho a la medida del pie y no el pie a la del zapato.
    Ofrecer modelos de sociedades perfectas fue una inocente manía que, desde Campanella a Tomás Moro, entretuvo a muchos hombres de pensamiento, dándoles solaz y ocasión para afilar una pluma que no gustaba estar tranquila en su tintero. Lo…